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Mostrando entradas de enero, 2023

DÍA 7

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365 -Mario Mejía- Día 7 Septiembre 11 de 2022, domingo. Me levanté muy temprano para tomar una lancha a Sapzurro. El día anterior acordé con Michelle que me desplazaría allí para apoyarla con el tema de la mudanza. Mientras esperaba en el muelle el momento de abordar, recreaba en mi mente una conversación que sostenían, la noche anterior en Tres Soles, dos personas. Eran dos hombres que calculé treintones, uno rubio, cabello largo, y el segundo, muy moreno y pelo enmarañado. Comentaban que por esas fechas resultaba satisfactoria la pesca de calamar, por las grandes cantidades que se aproximaban a esa zona costera. Logré entender que se usaba un anzuelo especial al que le adherían tiras de papel aluminio que emitían destellos que engañaban al calamar, que frente a tal ilusión óptica, los asimilaba como el brillo de las plateadas sardinas. Como una hora después, desembarqué en Sapzurro. Me sorprendió la gran cantidad de cosas que llevó Michelle consigo desde Santa Elena, aún dispuestas d...

DÍA 6

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  365 -Mario Mejía- Día 6 Septiembre 10 de 2022, sábado. Desayuné en el muelle. Era una mañana de sábado fresca y gris. Observé a numerosos turistas y migrantes desembarcando de catamaranes que llegaban cada diez o doce minutos. Debía ir al Dock por algunos efectos que seguían allí desde la presentación del miércoles, y desplazarme a Tres Soles con ellos. Allí encontré a Ciro, uno de los trabajadores de Becerra, un hombre de escasos cuarenta años, dorado por el sol, una llamativa cresta rubia y actitud despreocupada. Lo acompañaba Iñaki Yanci -de cuya asistencia al concierto, realmente, no me percaté aquella noche-, que se acercó y me dio una palmadita en la espalda señalando que había disfrutado mucho del toque tres días antes. Iñaki era oriundo de Pamplona, capital de la provincia de Navarra en el norte de España. Tras una breve conversación, dejó muy clara su eterna admiración por Paco de Lucía. Me contó que saldría de Colombia en los próximos días, llevando consigo un recuerdo ...

LA PALABRA ESCRITA COBRA VIDA AL SER LEÍDA

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DÉCIMA A MORTICIA

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  DÉCIMA A MORTICIA -Mario Mejía- Presos de lo que queremos a mucho nos aferramos; quizá -sin que lo sepamos- a ser libres renunciamos. Te invito a que despidamos a tu querida Morticia; lamentable es la noticia -paradójica, de hecho- de que en su mortuorio lecho a su nombre hace justicia.

DÍA 5

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365 -Mario Mejía- Día 5 Septiembre 9 de 2022, viernes. Contra mi tentativo pronóstico, conseguí dormir bastante bien. El cansancio acumulado a ese punto fue eficaz al respecto. Eran las 8am cuando desperté. A mis pies dormía Cielo, una de las gatas de Checho. Era un lindo animalito muy rubio y atigrado. Se retorcía de regocijo, frotando su cara contra la planta de uno de mis pies, buscando seguramente que lo acariciara, cosa que hice sin vacilar. Luego de resolver un par de asuntos en casa de mi amiga, fui a la playa y pasé varias horas allí escribiendo. De vuelta, me topé con Luis Ángel, un amigo de Johana con quien había cruzado un par de palabras en el Dock. Moreno, de unos treinta y tantos años, "Lucho", como sostuvo que todos lo llamaban, era un joven de facciones hindúes y mirada curiosa. Me contó que llevaba un tiempo en Capurganá, y que al día siguiente viajaría al Valle del Cauca, donde, por temporadas, practicaba la agricultura. Mientras hablaba, fijó su mirada en l...

DÍA 4

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365 -Mario Mejía- Día 4 Septiembre 8 de 2022, jueves. Eran las 9am.  De pie frente a un mar cristalino, pensé en lo mucho que me gustaba la deliciosa convergencia de la selva y la playa. Me vino a la mente un pedacito de la canción Beautiful , de Gustavo Cerati, con la que de inmediato me sentí muy identificado, "nunca tan alto caí". Me pasó lo mismo con un segmento de una de Estados Alterados que no cesaba de orbitar en mi cabeza desde el primer día de mi viaje, recién llegado a Necoclí, "no hay pecado que me salve de este paraíso", y que minuto tras minuto se reafirmaba. Entré en el agua por un rato, presa como estaba del calor, y agradecí al Universo una vez más el océano que me acogía, y mi facultad innata de absorber la vida, viviéndolo con vehemencia. Pasé por The Dock -el lugar donde me presenté la noche anterior- por mi guitarra y otro par de cosas que me permitieron dejar allí guardadas. A continuación, caminé a la casa de Johana -con quien, por cierto, hab...

DÍA 3

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365 -Mario Mejía- Día 3 Septiembre 7 de 2022, miércoles. Transcurría el tercer día de mi viaje. Pasadas las dos de la mañana, persistía la tempestad, enfurecida a tal punto que la lluvia caía, según mis exiguas claridades geométricas, con unos treinta grados de inclinación, vertiéndose generosamente en el interior del balcón y en los corredorcitos situados debajo de este. La naturaleza, iracunda y agitada como estaba, parecía, de alguna extraña manera, aguijonear mi mente inquieta y compleja, recriminándome por motivos que debía -quizá- sondear y tramitar durante mi travesía. Me sentía exhausto en demasía, pero no lograba conciliar el sueño.  A las siete treinta de la mañana debía presentarme en el puerto para partir hacia Capurganá, por lo que era una idea prudente dejar todo listo para el viaje, pero estaba muy cansado para empacar, y demasiado ansioso y expectante para dormir. Así pues, permanecí al menos una hora más de frente al vendaval, a una distancia precisa de las baranda...

LLAMA LA CONCIENCIA - monólogo

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LLAMA LA CONCIENCIA — Mario Mejía Personajes: Anastasia (bióloga) La escena representa el jardín de una clínica de reposo donde hay numerosos pasajes con una amplia variedad de flores, árboles, un lago  naturalmente ornamentado con nenúfares, cuatro bancas de madera y una fuente. Aparece en escena Anastasia, una mujer de cincuenta y tres años, vestida con la bata blanca característica de los pacientes del centro; corre tras una mariposa creada por su imaginación. Posteriormente, extenuada a todas luces, se sienta en una de las bancas y entabla sin más una conversación con otra paciente, al igual que la mariposa, producto de su mente. ANASTASIA:  —¡Ah!, Braulio, mi alba y mi ocaso. No se alcanza a imaginar usted, Berenice, las incidencias de este hombre en mi vida. Recuerdo el día en que lo conocí: yo, una joven entusiasta, ávida de conocimiento, de experiencia, sedienta de vivir; él, ya maduro, muy dueño de sí mismo, seguro, con un vasto dominio y una propiedad indiscutible en...

TEJIDO DE SUEÑOS

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TEJIDO DE SUEÑOS  -Mario Mejía- Descendía por las escaleras en caracol que conducían al primero de los sótanos y se sintió un tanto ahogada, invadida por un penetrante olor a moho, y por el sombrío confinamiento al que húmedas y rústicas paredes de ladrillo envejecido hacían justicia. Se encontró en un espacio de unos seis metros cuadrados, develado parcialmente por escurridizos rayos de un sol medroso que se colaban en ese lugar olvidado de la casa. Identificó en una de las esquinas una puerta de madera considerablemente corroída por la humedad latente y por el paso inexorable del tiempo. Caminó hasta ella. Concluyó que debía abrirse paso al segundo sótano, y, movida por una inquieta mezcla de temor y curiosidad, desplazó el frío picaporte metálico cubierto de óxido, asió con firmeza la manija y tiró con fuerza de la pesada puerta. Los roídos goznes emitieron un chirrido fantasmal que gobernó el recinto mientras el eco se desvanecía. Bajó con sigilo -no sin dificultad, a causa de ...

DÉCIMA A LA VIDA, LA MUERTE Y SU FLUJO PERENNE

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  DÉCIMA A LA VIDA, LA MUERTE Y SU FLUJO PERENNE -Mario Mejía- ¿Quién te dijo "última noche"? Ingrávida fuiste a cama: hasta ahí duró tu trama, no hay regreso, no hay reproche. Su casa la aplastó un coche, la mató mientras dormía,  y un señor que lo sabía -no muy lejos del estrellón- aprovechó la congestión y café negro vendía.

PALABRAS QUE LLEGAN TARDE

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PALABRAS QUE LLEGAN TARDE [ un soneto a mi padre ] —Mario Mejía Hoy hace cuatro años de tu partida,  y cada día, en todo momento, atribula mi mente un pensamiento: cuán efímera y frágil es la vida. No está asegurada, ni definida, la durabilidad de nuestro cuento, un día todo es hermoso, no miento, y al otro, ¡sorpresa, se abre una herida! “La vida es corta, pero ancha”, dicen; se trata de vivir intensamente,  que nuestros miedos no nos paralicen. Nos ahogan de manera inminente aquellas palabras que no se dicen: abrazar, besar, amar, es urgente.

DÍA 2

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365 -Mario Mejía- Día 2 Septiembre 6 de 2022, martes. En efecto, llovió en la madrugada. Como a las cinco y media estuve de pie en el tan mencionado balcón. Creería que la prolongada lluvia ocasionó una "volatilidad acuática" del sedimento, tornando turbia el agua. Pasé un rato saludando al Sol y al mar. Respiré hondo el alba. Tiempo después fui al interior, al comedor, y tomé un desayuno delicioso y ligero, preparado por Ángela. Durante una conversación medianamente jocosa con ella, reportó los mal contados treinta años que sugerí previamente, de manera tentativa. Tenía cuarenta y uno, edad que, definitivamente, no aparentaba. Demandó mi atención una de sus declaraciones. Explicó cómo, cuando iba a fiestas, y a diferencia de la gran mayoría -la cito textualmente-, disfrutaba bailando a contratiempo. En su momento, cuando el agua aclaró considerablemente, entré en ella y me dejé abrazar y limpiar. Cerré los ojos y me sentí suspendido en el tiempo y en el espacio. Di la es...

DÉCIMA A SUS VESTIDOS AZULES

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DÉCIMA A SUS VESTIDOS AZULES -Mario Mejía- Elegante, altivo, el mar,  con sus azules vestidos de degradés revestidos que a diario elige al azar. Curativo es despertar, levantarme, abrir la puerta y advertir mi boca abierta,  la claridad de mi mente frente al paisaje imponente que mi inspiración despierta.

DÍA 1

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  365 -Mario Mejía- Día 1 Septiembre 5 de 2022, lunes. Necoclí. Descendí del autobús a eso de las 3:45pm. Moverme, ataviado con guitarra al hombro, pesadas valijas y la tarde ruborizada por el sofoco, se dificultaba. Me procuré lo que creía llamaban allí un "Tuk Tuk", o moto-carro, que alivianó mi llegada, conduciéndome hasta el Hostal La Mariápolis, con dicha propietaria, Ángela, había acordado, antes de salir de Medellín, el tema del hospedaje. Ángela era una mujer de unos mal contados treinta años, de mediana estatura, trigueña.  Mi primera impresión frente a su actitud fue favorable. Me enseñó el lugar, una prístina y bonita construcción ubicada a unos quinientos metros del parque principal, al lado de la playa. Me instalé en la habitación designada y caminé hasta la parte trasera del hostal, un balcón cuya vista imponente invitaba a pasar ahí un buen rato. Pude ver un mar sereno enmarcado por palmeras que se agitaban tenuemente, movidas por una brisa ligera. Me hallaba e...