3 6 5 -Mario Mejía- Día 248 Mayo 10 de 2023, miércoles. El fragor diario de la alarma. Desperté sobresaltado. La pospuse una, dos, tres, cuatro veces. La noche anterior me metí en la cama exhausto. Era consciente de que mientras más tiempo transcurriera sin ponerme de pie, mayor sería mi premura: ducharme, vestirme, desayunar por inercia, apresuradamente, en modo automático, bocados grandes y afanosos, masticar poco, disfrutar poco, caminar a zancadas envuelto por la ola de calor que azotaba los días desde horas tempranas, percibiendo el descenso de las primeras gotas de sudor, inventariando los segundos, procurando hallar un bus estacionado en el paradero, esperando una silueta peatonal en verde para cruzar, un círculo rojo al caminar, uno verde a través del cristal de la ventana del bus, cruzando los dedos para que no se presentara un embotellamiento. No obstante, me sentía física y mentalmente agotado y postergué por un rato el momento de levantarme, asumiendo, en consecuencia...