365 -Mario Mejía- Día 41 Octubre 15 de 2022, sábado. Me reencontré con mi tío Jorge, a quien visité en su casa un par de meses antes en el municipio de Tocancipá, en Cundinamarca, luego de la partida de Natalia y las niñas hacia New York. Tenía unos cincuenta años, baja estatura, ojos claros, cabello corto y buen sentido del humor. Cristian, el hijo mayor del tío, mi primo, radicado hacía unos años en Melbourne, la capital costera del estado de Victoria en el sureste de Australia, estaba tan lejos de su padre que corría quince o dieciséis horas delante. Yuliana, su hija menor, adelantaba estudios en química en Akron, una ciudad situada en el condado de Summit, en el estado de Ohio. Adriana, quien fue su esposa durante treinta y cinco años, también corrió lejos. A ambos les hablé muchísimo del otro mientras estuve en Cundinamarca, así que propicié entre ellos un corto pero afable saludo virtual en el que mi amiga, mediante una nota de voz, le prometió visitarlo en Tocancipá cuando r...