DÍA 38

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-Mario Mejía-


Día 38

Octubre 12 de 2022, miércoles.



Me sentía cansado, pero al insomnio se sumó la baja temperatura del bus, cuyo aire acondicionado parecía estar ajustado en una especie de modo glacial.

Cerca a las 3am, intercambié algunas palabras con un pasajero que ocupaba un asiento diagonal al mío. Era un hombre de 25 años, esbelto, piel negra, y disposición cordial. Su nombre era Esneider Hurtado, un boxeador profesional oriundo del municipio antioqueño de Apartadó, que, según me comentó, llegaría a la terminal de buses en Medellín y emprendería desde ahí un nuevo viaje por tierra hacia la ciudad de Bogotá, donde pelearía, diez días después, contra Camilo González en el District Sports Bar de la capital.

Señaló pertenecer a la categoría 69 kilogramos Wélter, bajo el alias de "Machina Power".

Practicaba boxeo desde los 13 años. Por último, refirió ser también entrenador de artes marciales, y, acto seguido, se acomodó para tratar de dormir.


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Casi una hora después estábamos en Medellín. Cuando descendí del autobús y toqué tierra paisa, sentí una emoción equiparable a la que me suscitaba cocinar.

Tomamos un taxi y fuimos a casa de Tífany, en Bello, un municipio situado al norte del área metropolitana del Valle de Aburrá. 

Extenuados, tomamos una aromática y dormimos rápidamente.

Horas después, ella salió a atender reuniones presenciales de orden laboral.

Acordamos que me quedaría cuidando de su casa, y entretanto, adelantaría mis escritos.

Le di una mirada rápida a su biblioteca, identificando varios títulos de mi amplio interés.

Comprobé que, en efecto, tenía una copia del libro que me regaló unos días antes en Capurganá, a saber, "Canciones para astronautas", del ya mencionado "Profe".

Busqué la playlist del libro en una plataforma digital y la reproduje aleatoriamente mientras leía algunos poemas al azar. Me dije que ambos componentes, el literario y el musical, eran catalizadores recíprocos.

Escribí durante horas, pero el agotamiento físico y mental derivado de ya varias noches de mal sueño, repercutía en el engranaje de mis ideas, haciendo que tuviera que releer una y otra vez el material recién escrito, hallando en cada revisión algún detalle por mejorar.

En pocas palabras, no avancé como hubiera querido.


Poco antes del ocaso, hablé con mi amiga Natalia, que presenciaría esa noche la puesta en escena de Gorillaz, una agrupación virtual inglesa.

Su vocalista, Damon Albarn, era también líder, vocal y letrista de la legendaria banda de rock alternativo Blur.

Me contó que el concierto tendría lugar en el pabellón deportivo Barclays Center, situado en Brooklyn, uno de los cinco barrios de la ciudad de New York.

Le pedí especialmente que me enviara, en caso de que la interpretaran, un video de una de las canciones.


Tífany llegó a su apartamento en la noche. Cenamos y nos dispusimos luego a mirar una película que, personalmente, había visto hacía mucho tiempo, pero que anhelaba repetir. Se trataba de "Into the wild", del aclamado actor y director Sean Penn, basada en una experiencia real que recreaba la historia de un joven de una posición económica medianamente privilegiada, que, tras graduarse de la universidad, decidió prescindir de sus ahorros y comodidades para emprender una intrépida aventura por el estado salvaje de Alaska, en los Estados Unidos de América.

Cuando la cinta iba por la mitad, tanto mi amiga como yo éramos avasallados por la fatiga, así que optamos por descansar.

Antes de dormir, miré mi teléfono y noté que Natalia me compartió no uno, sino varios videos de lo que, a miles de kilómetros, siendo una apasionada empedernida por la música -virtud que, dicho sea de paso, me encantaba de ella-, estaba disfrutando a carta cabal.

Tal material audiovisual me generaba la sensación de que Natalia, simbólicamente, estaba cerca de mí, confirmando el adagio popular de que "la música conecta a las personas".

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