DÍA 31
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-Mario Mejía-
Día 31
Octubre 5 de 2022, miércoles.
La noche anterior, agotado, caí profundamente dormido en una de las dos camas que ubicamos en el balcón del segundo piso del hostal.
A las 2am, los voraces mosquitos -que comprobaba eran más inclementes en Sapzurro que en Capurganá- se encargaron de despertarme.
Me levanté, bajé las escalas y caminé un rato por el césped. De vuelta en el segundo piso, me acosté, me envolví en una sábana para protegerme de las picaduras y dormí nuevamente.
Al día siguiente, nos pusimos de pie temprano, como lo hablamos. La mañana era muy gris y el invierno persistía anunciando otro aguacero.
Caminamos hasta el muelle bajo una lluvia ligera y en breve abordamos una lancha que partió con agilidad, procurando llegar a destino antes de que el agua arreciara.
Quince minutos después, arribamos a Capurganá.
Decidimos mezclar la fría mañana con café negro muy caliente que nos vendió una esbelta morena que tenía un puesto de comida en el puerto.
Un rato después, llegó al lugar donde estábamos Isabel, mi compañera de aventuras durante la última semana. Esa mañana emprendía un largo viaje hasta su casa. Primero, un Catamarán la llevaría de Capurganá a Turbo. Allí, tomaría un autobús hasta Apartadó -municipio en la subregión de Urabá, Antioquia-, desde donde viajaría en avioneta hasta Bogotá. Por último, iría por tierra desde la capital hasta su tierra natal, Villavicencio.
Ondina y yo le dimos una calurosa despedida a aquella mujer que tanto nos enseñó, y con la que compartimos momentos muy especiales.
Acto seguido, Michelle, Edwin y Cristian tomaron su rumbo, y Ondina y yo el nuestro.
Al llegar a Capurganá, la señal de mi móvil se restableció, y pude ponerme al tanto con algunas personas con las que me urgía comunicarme.
Cuando llegamos a Tres Soles, seguía lloviendo y pude ver un mar alienado en términos de color y movimiento.
El resto de mi mañana, y parte de la tarde, transcurrió entre conseguir un boleto para mi amiga Tífany -que, como dije, viajaría al día siguiente desde Medellín-; organizar algunos de mis efectos en el hostal y ayudarle a Fercho en la preparación del almuerzo.
Mis tiempos en pro de cocinar, en lugar de mostrarme algún tenue atisbo de reconciliación con esa materia, lo único que hacían era suscitar en mí cada vez más tedio. Entretanto, pensaba que mientras hacía algo que definitivamente me aburría, podría estar adelantando textos, leyendo, ampliando el repertorio musical de las noches, o en fin, llevando a cabo alguna actividad que realmente pudiera disfrutar.
Finalmente, la lluvia dio tregua.
A eso de las 4pm me senté en el mirador del hostal a revisar un par de escritos, y redactar unos nuevos.
Como solía pasar en esas tierras, el tiempo huía raudo, y cuando menos pensé, me sorprendió un nuevo ocaso que, a su vez, me decía que se acercaba la hora de conectar y tocar.

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