DÍA 49
365
-Mario Mejía-
Día 49
Octubre 23 de 2022, domingo.
Un par de horas después de despedirme de Aura Lina, escribía en casa de mi madre.
Pasada la medianoche, Paulina Franco, compañera sentimental de un viejo amigo, David Pineda, me escribió para invitarme a platicar y compartir unas cervezas con ellos.
Caminé unos diez minutos hasta un bar de nombre “La Liebre”, donde hallé a la pareja sentada en una mesa con el propietario del lugar, que era amigo de ambos.
Paulina era una mujer de veinticinco años, atractiva, de piel blanca, cabello negro, personalidad inquietante y ojos achinados, comúnmente enaltecidos por su avezada proclividad al maquillaje.
David se acercaba a los cuarenta; era un tipo delgado, alto, cabello descomplicado y nariz aguileña.
Los acompañaba un hombre de unos treinta y tantos años, esbelto y de actitud despreocupada. Me contó que el lugar iba a cerrar sus puertas de manera definitiva en los días próximos. Entretanto, sonaba de fondo “Everlong”, de los Foo Fighters.
Tal vez una hora después, por iniciativa de David, él, su novia y yo nos trasladamos en su vehículo al barrio Prado Centro, situado en la zona norte de la comuna de La Candelaria, cerca al centro de Medellín.
El propietario del bar, por su parte, nos siguió en su moto.
Llegamos a una casa enorme y muy antigua, cualidades muy propias de las construcciones de ese sector de la ciudad.
Me contó David que allí estaban adecuando su nuevo laboratorio, que había operado por años en el garaje de su casa, ubicada en el barrio Buenos Aires, muy cerca de donde residía mi madre.
Su nueva sede era una prominente edificación equipada y muy bien distribuida, en la que proliferaban efectos que, a la simple vista de un ignorante —como yo— en el tema, suscitaban de inmediato curiosidad y e interés.
David y su socio y amigo Julián Arenas eran los directores de Cipsela Corp., una corporación sin ánimo de lucro que implementaba programas Steam (ciencia, artes, ingeniería y matemáticas), haciendo uso de la metodología “aprender haciendo”, basada en un sólido currículo en aviación, aeronáutica y exploración espacial.
Ayudaban a estudiantes de diferentes niveles, desde la primaria hasta la universidad, a aprender y mejorar sus habilidades y conocimiento en las áreas Steam.
Cipsela, además de ser el nombre de las semillas del Diente de León, era también el acrónimo de la corporación: Creative and Innovative Programs for Space Education, Launch & Aviation.
De la misma manera como Carl Sagan —astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astrobiólogo, escritor y divulgador científico estadounidense— usó esa semilla como fuente de inspiración para el conocimiento y el descubrimiento en la aclamada serie de televisión “Cosmos”, Cipsela buscaba también ser una fuente de inspiración para una nueva generación de científicos e ingenieros.
Llamaron mi atención una serie de cuadritos dispuestos en una de las paredes de la casa. Cada uno daba cuenta de alguno de los seguimientos en vivo que Cipsela hacía de diversas misiones espaciales. Llevaban títulos como “Richard Branson al Espacio”, “Primer vuelo tripulado de Blue Origin”, “Llegada del Perseverance”, “Lanzamiento CREW-1”, “Lanzamiento Perseverance” (misión de NASA que busca vida en Marte), “Regreso y acuatizaje Crew Dragon”, “Lo mejor del lanzamiento y acoplamiento de la Crew Dragon”, “SPACEX DEMO-2”, “APOLO 13”.
Ese domingo cumplía setenta y un años Charly García —un cantautor, vocalista, multinstrumentista y productor argentino—, a quien David había endiosado desde que yo tenía memoria, por lo que sus músicas ondularon insistentemente en aquel espacio mientras conversamos largo y tendido en torno a Cipsela, sobre la música, respecto de banalidades, acerca de la vida, y de paso, celebramos amañada y circunstancialmente la vida de aquel gran músico.
Siempre me gustó mucho la propuesta musical de Fito Páez, otro destacado embajador del rock argentino —a su vez, pupilo fiel de Charly—, por lo que era cómico y recurrente que David hiciera, cada vez que nos veíamos, comentarios del tipo —palabras más, palabras menos—: “si tanto te gusta Fito, deberías darle las gracias a Charly García: su papá”.
Estimaba mucho a Paulina, y por David sentía una gran admiración y cariño. Fue una agradable comunión.
--- --- --- ---
Horas más tarde recibí un mensaje de Valeria del Mar, una vieja amiga. Me compartió “Habitación 615”, una canción de León Benavente, una agrupación española conformada por aguerridos músicos de diferentes lugares del país. Adujo que al escucharla no pudo menos que asociarla conmigo y mis escritos.
“Te imaginé haciendo una canción de alguna de tus historias”, agregó Valeria.
HABITACIÓN 615
—León Benavente
“Nunca pensamos en cruzar tantas veces el charco, al menos, nunca para hacer este trabajo.
Ahora hay dos taxis en la esquina para hacernos olvidar nuestra casa, la rutina y nuestro miedo a volar.
De camino al aeropuerto, alguien empieza a toser, se queja de que en los aviones no se puede comer.
Es temprano y en la radio se da a conocer al que estampó su coche en la sede del PP.
Una vez más, sin saber qué nos va a pasar, algo se aproxima, pero no sabemos qué.
Edu se toma un café con toda tranquilidad, y hablamos del futuro y la paternidad.
Y justo al sobrevolar los Cayos de Florida, empezamos a pensar cómo ha cambiado nuestra vida.
Al fin y al cabo, los aviones no están mal, siempre que tengas a mano vino y Orfidal.
Tras veinte horas de sol, vamos a aterrizar. Desde el cielo el DF es descomunal.
La gente aplaude las hazañas del piloto al posar semejante bicho en medio de la cuidad.
A César le han retenido en el control de inmigración. Se asusta cuando ve llegar dos tipos de la Interpol.
Saben su vida y él empieza a temblar. Comprueban que era un error y le dejan marchar.
El aire pesa como el plomo y nos cuesta respirar, lo notamos justo cuando salimos a fumar.
Ahora nos lleva una Van a la Colonia Roma, el conductor tiene tres hijos, su mujer está en coma.
En estos baches pueden ver la corrupción, esto solo se arregla con otra revolución.
En el hotel hay bienvenida con tequila y mezcal, y unos chicos esperando una banda de metal.
Habitación 615, una cama gigante, mil posturas posibles, una biblia en la mesa, un par de crucifijos, y en la puerta Saturno devorando a sus hijos.
Y ahora oigo a Luis hablar con España, allí es invierno y su novia le extraña.
Yo me pego una ducha y me quedo tranquilo, y pienso en cenar y dormir contigo.
Y en un cuaderno escribo lo que ha pasado, y palabras que han cambiado de significado: contrato, amigo, dinero, edad, música, trabajo, ego, vanidad.
¿Quién quiere seguir?, ¿quién se apunta a ir a un bar? ¡Por dios, si acabamos de llegar!
Uno se pone a reír, otro a organizar, a veces, pienso que esto no lo vamos a aguantar.
Y tras dos tequilas y otros dos mezcales, empezamos a hablar sobre las multinacionales.
Y salen cifras y porcentajes, estamos muy tensos, no hay quien se relaje.
Y ¿qué queréis saber sobre las canciones? Si están bien hechas, no hace falta explicaciones.
Y ¿a quién le importa nuestra opinión sobre el amor, la política o la secesión?
De vuelta al hotel escucho a Kozelek, y pienso en una canción que podríamos hacer.
Algo que sea real, totalmente real, estos días recorriendo el Distrito Federal.
Entro a comprar un disco de Juan Cirerol, y me dicen que recién, recién se les agotó.
Y eso me hace feliz, y me pongo a gritar, ¡ese tipo es el puto nuevo Johnny Cash!
Y pienso en cuando nos dicen que aprovechemos, que no sabemos cuánto duraremos.
Enciendo el televisor cansado de esta jornada, cincuenta y seis canales en los que no hay nunca nada.
Te llamé mientras despertabas y me dijiste: la vida nunca es lo que imaginabas. Sé que tienes razón, sueles tener razón, pero sigo sin llegar a una conclusión.
Otro día de promo, de prisas y atascos, de gente que tarda en llegar a su trabajo.
Y ¿qué tendrá lo que digamos de relevante?, mejor leer a Gragera, a Tiqqun, o a Carver.
Otra vez el vacío y la soledad, y otro taxi que nos lleve a toda velocidad.
A volver a beber y a bailar rocanrol, y a llamar a un contacto que nos haga un favor.
Y ¿qué nos puede quedar?, a decir verdad, ya tendremos tiempo para descansar.
Y por ahora es todo lo que os puedo contar, quizá en un par de años pueda continuar”.
Mi llegada y estadía en Medellín me afectó notablemente, situación que, entre otras personas, Valeria pudo percibir, dado que, según me dijo, había leído todos los textos que estaba escribiendo y publicando a manera de bitácora.
Expresó que desde que yo había llegado a la ciudad, notaba “un Mario muy turbio”. Indicó que prefería —la cito textualmente— al “Mario de la selva”, pues advertía que estaba encontrando paz en el departamento chocoano.
Semanas antes me había contado que iba a empezar a leer al colombiano Mario Mendoza, y expuso, animada, que un día antes había adquirido su “Buda Blues”.
Señaló también que había leído uno de mis textos en el que mencionaba “Los Pilares de la Tierra”. Resulta que aquella auténtica joya de la corona hacía parte de la biblioteca de su casa.
Ya había hablado de “Canciones para Astronautas”, el libro que Tífany me regaló.
Yo estaba compartiendo, día por día, uno de los poemas que El Profe escribió a las cien canciones que le salvaron la vida. Ese domingo posteé el duodécimo poema del autor en cuestión, titulado “Infinito", que escribió a la canción “Meridianos”, de la banda bogotana Telebit.
Cito el poema:
“Todo lo que empieza, irremediablemente, termina.
Somos seres finitos deambulando en sueños infinitos.
Todo acaba, pero mientras nos dure esta eternidad, tú serás mi principio y mi fin, serás mi infinito”.
—Álvaro González Villamarín, el Profe
“Se la dedico a mi Polly, falleció hace ocho días”, agregó Valeria. Hablaba de su gatita de nueve años.
Tuve la oportunidad de interactuar con Polly en varias ocasiones. Era un animalito noble, amoroso, gentil y juguetón, por lo que recibí con glacial estupefacción la noticia de su muerte.
Expresé a Valeria mis sinceras condolencias y estuvimos de acuerdo en que fue lo mejor para ella, considerando que estaba sufriendo a causa de una crónica complicación renal.
Le pregunté a mi amiga si le molestaba que mencionara la situación de Pollly en mi escrito de ese domingo veintitrés de octubre, a lo que sumó estas palabras: “Sería un lindo homenaje. Dale tranquilo, qué bonita forma de recordarla”.

Comentarios
Publicar un comentario