DÍA 159
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-Mario Mejía-Día 159
Febrero 10 de 2023, viernes.
Doralicia se marchó esa mañana. Decidí limpiar y poner orden en casa de Johana con el fin de darle otro aire al espacio. Retiré del refrigerador cierta cantidad de verduras y frutas podridas. Posteriormente, lo lavé a profundidad.
Me puse en contacto con Miguel. Recibí con alivio noticias del profe. Sus familiares lo hallaron. Al parecer, fue víctima de lo que se conocía como “paseo millonario”, siendo vilmente drogado y despojado de sus pertenencias. No entramos en mucho detalle, ya habría lugar para escuchar su versión. Lo realmente importante era que había aparecido con vida. Agradecí por ello.
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Trabajé unas horas en La Bohemia y me dirigí luego con el hijo de Gloria a casa de Emidio, su empleador. Me pidió lo acompañara para concretar algo importante. Una mujer cincuentona con el pelo enmarañado, pintado de amarillo y prominentes raíces negras abrió la puerta de aluminio y lo invitó a pasar. Ambos avanzaron y desaparecieron en la espesa oscuridad de un zaguán de confinadas proporciones. Esperé en el exterior y mi visión se clavó en una embarcación carguera, a pocos metros del muelle ardiente de sol. Minutos después la puerta se abrió y el oscuro pasadizo escupió al joven, cuyo semblante develado por la luz dorada lucía apesadumbrado. Nos despedimos. Él se encaminó a Iracas de Belén y yo a casa de Johana, donde pasaría la noche refugiado en mis libros.
Al cruzar por su local, saludé a Sebastián y Marcela, Los Pintapiedras, que, según me pareció, clausuraban el lugar. Quizá una hora antes había recibido un mensaje del primero, y en ese momento redondeamos el tema. Estaban al tanto de lo sucedido con el profe. Habiendo conseguido comunicarse con él esa tarde, y advirtiendo una ligera incoherencia en su discurso, y cierto embotamiento en su dicción, se preguntaban si Gloria ya se había puesto en contacto con él. Les confirmé el asunto y tras algunos comentarios que evidenciaban lo pacificador que resultaba para los tres la aparición de nuestro gran amigo en común, me despedí de la pareja.
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corría la noche / me senté en la sala / a mi izquierda, un patio, y la cocina / a mi derecha, la puerta que conducía al exterior / permanecía abierta para promover el flujo de aire fresco / encendí un ventilador que situé a menos de un metro de mí / me ayudaba a ahuyentar a los famélicos mosquitos / discurría entre dos volúmenes / la palabra de Camus cobraba vida / él cobraba vida / Follett me llevó a la Europa del siglo XVI / a la guerra de religiones / interactuaba alrededor de sesenta minutos con el difunto francés / luego, un lapso similar con el británico / eché un vistazo a mi taza / en el fondo, tan solo el negro sedimento del café / café muerto / afuera, la noche negra sobre el camino de tierra / tras el sendero, un amplio lote / escuché a un caballo resollar / su negro pelaje parecía fundirse con la tiniebla / pateó un objeto de vidrio, probablemente, una botella / me dije que, si en ese instante estuviera en Medellín, posiblemente estaría haciendo lo mismo: yendo de un libro a otro / de un autor al otro / de un pensamiento a otro / empero, no habría un caballo negro resollando / ni golpeando una botella de vidrio con uno de sus cascos / ni mimetizándose en la noche / al menos, no a mi derecha / es decir, era probable que el animal se comportara idénticamente, él en un lote en Capurganá, y yo en la ciudad / o, quizá, estando la puerta cerrada y las luces apagadas no se habría acercado a la empalizada para curiosear y resollar / por mi parte, en lugar del caballo, tal vez podría escuchar a un perro ladrar en uno de los balcones lindantes / o, de repente, un neumático rechinando tras la fricción ocasionada por una frenada en seco / también había espacio para el silencio / Steven cruzó corriendo el marco de la puerta de izquierda a derecha / era uno de los cinco gatos de Checho / como media hora antes, hizo exactamente lo mismo / me pregunté si había sido un Déjà vu / eran cinco los gatos / Rumba, la gata albina / Cielo, la hermosa y atigrada / Coco, un gato enamorado al que le gustaban las francesas / Satanás, un animal independiente y rebelde que se suponía vivía en La Bohemia, pero al que era raro de ver, como las estrellas fugaces / y Steven, el minino de lomo amarillo y panza blanca que había cruzado el marco de la puerta de izquierda a derecha por primera o segunda vez / Doralicia se marchó esa mañana / Checho, a finales del 2022 / Johana, dos o tres días atrás / éramos cinco gatos y yo.

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