DÍA 173
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-Mario Mejía-Día 173
Febrero 24 de 2023, viernes.
En lo concerniente a la literatura y el periodismo, dos campos en los que actuó, opinaba Gabriel García Márquez que en la medida en que se avanza en el trabajo literario, se va perdiendo el sentido de la realidad. Añadía que sucede lo contrario con el quehacer del periodista, que mantiene un obligado contacto diario con la realidad inmediata. Remembrando su antiguo oficio, mientras entrevistaba al poeta y político chileno Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, conocido mundialmente como Pablo Neruda, le preguntó qué sucedía con la poesía, ¿vinculaba o desvinculaba de la realidad?, a lo que apuntó —enfatizando en los poetas modernos— que existía una tendencia a lo segundo, tomando distancia de la poesía épica de Homero y de Dante, por ejemplo, que relataba situaciones reales de personajes, a su vez, reales.
Neruda reconocía en tono de comicidad, declarando su incapacidad de escribir en prosa, sentir envidia de los novelistas en ese sentido, y que, inclusive, cuando en ocasiones se le ocurrían historias que se le antojaban estupendas, añoraba que no existiera una incompatibilidad geográfica notable entre él y García Márquez para garantizar así una alianza que promoviera su escritura eficaz.
—Bastaría ponerte un micrófono mientras me extiendes dichas narraciones, así quedarían consignadas de una vez y serían relatos magníficos. —concluyó Gabo.
Escuchar interactuar a los dos Nobel de Literatura era para mí sencillamente fascinante.
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Johana se trasladó a Sapzurro. Al día siguiente reanudaría sus labores en San Blas.
Conduje a Nazareth a La Bohemia. De camino, le indiqué rápidamente cómo debía tomar la ruta a Sapzurro, dado que planeaba visitar la bahía en los días subsiguientes. Charlamos sobre temas diversos, entre ellos, su corta estadía en el Carnaval de Barranquilla; acerca del lugar en el que vivía, señalando que allí, a diferencia del sur de España, se destacaba una conciencia ambiental que se inculcaba desde edades tempranas.
Indicó que el mar se encontraba a pocos kilómetros de su casa, pero con temperaturas bajas durante gran parte del año, era poco el tiempo en el que podía disfrutar de la playa. Ensalzó la versatilidad de sus paisajes en virtud de las cuatro estaciones. De otro lado, destacó sentirse muy atraída por las playas del Golfo de Urabá, que, según explicó, hallaba más llamativas que las de Cartagena, de las cuales había oído mucho hablar. Allí reportó disfrutar mayormente de La Ciudad Amurallada, centro histórico de la ciudad, que, más que patrimonio nacional colombiano, fue decretado como Patrimonio de la Humanidad.
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Decidí no continuar en La Posada del Gecko. Sustancialmente, debido a que, tras evaluar nuevas consideraciones, permanecer allí no iba a resultarme nada rentable.
Con mil cosas en mi cabeza me movilicé en bicicleta hasta Plan Parejo. De camino me topé con Meggane y Joulie, a quienes saludé prestamente. A la altura del río advertí algunos avances en el levantamiento del nuevo puente. Pretendí con cada pedalazo, explorando y recorriendo nuevos senderos para mí, gestionar mis pensamientos paulatinamente mientras respiraba en verde y azul. Luego, me dirigí a Playa Regalo y pasé tal vez una hora de cara a un océano que conservaba su mal carácter, escuchando el espectáculo auditivo orquestado por el desplazamiento de unas piedras sobre otras bajo la dirección del vaivén de las olas.
Le di un rápido saludo a Tavo, que caminaba rumbo al arroyo de agua dulce en el que solía refrescarse. Tres jóvenes alternaban su misiva de sacar material de la playa de roca con chapuzones aleatorios. Pensé que no era buena idea ingresar al mar tan agitado como estaba.
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Nazareth cocinó una rica cena, poniendo en evidencia su aptitud en la materia. Posteriormente, conversamos, tocamos mi guitarra, interpretamos varias piezas de común interés, bebimos té y el reloj marcó las 2am en un santiamén.
Neruda reconocía en tono de comicidad, declarando su incapacidad de escribir en prosa, sentir envidia de los novelistas en ese sentido, y que, inclusive, cuando en ocasiones se le ocurrían historias que se le antojaban estupendas, añoraba que no existiera una incompatibilidad geográfica notable entre él y García Márquez para garantizar así una alianza que promoviera su escritura eficaz.
—Bastaría ponerte un micrófono mientras me extiendes dichas narraciones, así quedarían consignadas de una vez y serían relatos magníficos. —concluyó Gabo.
Escuchar interactuar a los dos Nobel de Literatura era para mí sencillamente fascinante.
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Johana se trasladó a Sapzurro. Al día siguiente reanudaría sus labores en San Blas.
Conduje a Nazareth a La Bohemia. De camino, le indiqué rápidamente cómo debía tomar la ruta a Sapzurro, dado que planeaba visitar la bahía en los días subsiguientes. Charlamos sobre temas diversos, entre ellos, su corta estadía en el Carnaval de Barranquilla; acerca del lugar en el que vivía, señalando que allí, a diferencia del sur de España, se destacaba una conciencia ambiental que se inculcaba desde edades tempranas.
Indicó que el mar se encontraba a pocos kilómetros de su casa, pero con temperaturas bajas durante gran parte del año, era poco el tiempo en el que podía disfrutar de la playa. Ensalzó la versatilidad de sus paisajes en virtud de las cuatro estaciones. De otro lado, destacó sentirse muy atraída por las playas del Golfo de Urabá, que, según explicó, hallaba más llamativas que las de Cartagena, de las cuales había oído mucho hablar. Allí reportó disfrutar mayormente de La Ciudad Amurallada, centro histórico de la ciudad, que, más que patrimonio nacional colombiano, fue decretado como Patrimonio de la Humanidad.
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Decidí no continuar en La Posada del Gecko. Sustancialmente, debido a que, tras evaluar nuevas consideraciones, permanecer allí no iba a resultarme nada rentable.
Con mil cosas en mi cabeza me movilicé en bicicleta hasta Plan Parejo. De camino me topé con Meggane y Joulie, a quienes saludé prestamente. A la altura del río advertí algunos avances en el levantamiento del nuevo puente. Pretendí con cada pedalazo, explorando y recorriendo nuevos senderos para mí, gestionar mis pensamientos paulatinamente mientras respiraba en verde y azul. Luego, me dirigí a Playa Regalo y pasé tal vez una hora de cara a un océano que conservaba su mal carácter, escuchando el espectáculo auditivo orquestado por el desplazamiento de unas piedras sobre otras bajo la dirección del vaivén de las olas.
Le di un rápido saludo a Tavo, que caminaba rumbo al arroyo de agua dulce en el que solía refrescarse. Tres jóvenes alternaban su misiva de sacar material de la playa de roca con chapuzones aleatorios. Pensé que no era buena idea ingresar al mar tan agitado como estaba.
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Nazareth cocinó una rica cena, poniendo en evidencia su aptitud en la materia. Posteriormente, conversamos, tocamos mi guitarra, interpretamos varias piezas de común interés, bebimos té y el reloj marcó las 2am en un santiamén.

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