DÍA 172

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-Mario Mejía-

Día 172
Febrero 23 de 2023, jueves.




Me reuní con Nazareth en el puerto. Rondaba los cuarenta y cinco años. Era una española alta, de cabello negro, cejas arqueadas y generosa sonrisa. Pasaría unos días en casa de Johana, y le brindaría apoyo en algunas tareas específicas del hostal. Mientras flanqueábamos la pista de aterrizaje bajo un sol desaforado, mencionó ser oriunda de Sevilla, al sur de la península ibérica, y residir al noreste, en Cataluña. Resaltó la rapidez con la que la embarcación salvó, sacudida a sacudida, la distancia entre Necoclí y Capurganá. Previamente, viajó nueve horas en autobús desde Cartagena —en el departamento de Bolívar— hasta el primero.
Las dos mujeres se vieron por primera vez. Se habían contactado digitalmente. Platicaron y establecieron un acuerdo. Me despedí y me trasladé a la posada, donde escribí un par de horas antes de iniciar labores.
Esa noche tuvo lugar cierta algidez. A excepción de una copa rota y un acentuado agotamiento, no hubo mayor novedad.

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Llegué a lo de Johana poco antes de la medianoche. Preparé café, me senté en la mesa y con ojos cansados leí un jocoso poema del escritor colombiano Juan José Botero. Línea a línea, y entre alguna sonrisa, dirigía miradas escrutadoras a la gata albina, que me observaba con sus ojos rojizos desde el marco vacío de la puerta.

Quiero ser gato.
-Juan José Botero-
( Rionegro, Antioquia )

Si Dios dijera: ven acá, Juancho,
dime qué quieres, ¿quieres acaso
ser mucha cosa, o no ser algo,
quieres ser bueno, quieres ser malo,
ser un demonio, o ser un santo,
quieres ser rico, quieres ser sabio?,
¿o ser un tonto de largo a largo,
sin luz de genio, sin un centavo?,
¿quieres ser ave, águila o gallo,
jilguero, mirla, torcaz o pato,
un lagartijo, un feo sapo,
o algún cuadrúpedo como el caballo?,
¿quieres ser perro, quieres ser asno,
quieres ser tigre, quieres ser gato?
¡Oh!, Dios del cielo, Dios bueno y santo!
—le interrumpiera, entusiasmado—,
si acaso quieres servirme en algo,
si de este pobre te has acordado,
yo quiero hablarte claro, muy claro:
ser lo que he sido no es de mi agrado,
el hombre pasa tantos trabajos
en este valle de duelo y llanto.
Si uno es pequeño, lo andan pisando,
y es un estorbo si acaso es alto;
ser uno pobre, malo, muy malo,
y si uno es rico, todo es cuidados;
si feo, ellas no te hacen caso,
y si bonito, de uno es esclavo;
si con las hembras nos deslindamos,
qué desazones las que pasamos,
mas si sucede todo al contrario,
y uno con ellas se enreda, ¡diablos!
En fin, los hombres sufrimos tanto
que en esta vida todo es trabajos.
¡Dios poderoso, Dios bueno y santo!,
yo te dijera con mucho acato:
si acaso piensas servirme en algo,
si aliviar quieres al pobre Juancho,
dándole un día algún descanso,
no me hagas necio, ni me hagas sabio,
pobre ni rico, bueno ni malo,
bonito, feo, corto, ni largo,
fiero demonio, ni humilde santo.
Sí, no me vuelvas águila o gallo,
jilguero, mirla, torcaz o pato,
ni lagartijo, ni feo sapo,
ni tan cuadrúpedo como el caballo.
¿Sabes, Dios mío, por lo que clamo?,
oye y perdona mi desacato:
sin que lo tomes a gran pecado,
sin yo sentirlo, sin saber cuándo
así, de pronto, vuélveme gato.
Gato ser quiero, pero no gato
de dos patitas y de dos manos:
gato de pelo, de uñas y rabo,
de cuatro patas y que haga ¡miau!
Quiero ser libre, no ser esclavo,
vivir durmiendo en los tejados,
andando solo, siempre robando,
sin afanarme por el mercado,
ni por chaquetas, ni por calzados,
ni por muchachas, ni por muchachos,
ni por cristicos, ni por el diablo,
entrando a solas, y paso a paso
a las cocinas donde hay guisados,
y en los festines y en los saraos
comiendo todo lo de mi agrado;
de día durmiendo, de noche andando
por los canceles y por los zarzos,
y en las despensas, que es un encanto,
buenos chorizos, quesos curados,
jamones, lenguas, siempre tragando.
Luego de gira salir al campo,
y si deseo me da de pájaros,
comerme uno, dos, tres o cuatro,
volviendo alegre a mis tejados,
donde el sol quiebra sus tibios rayos,
y allí, al sonido de un dulce plano,
echando al cuello mi fino rabo,
sin la zozobra que afloja el ánimo,
irme tendiendo de largo a largo,
tan perezoso, tan descuidado
de las miserias de un mundo vano.
¿Habrá quién goce como los gatos?,
y ¿habrá quién viva tan descansado?,
y ¿habrá quién coma tan sin trabajo?,
y ¿habrá quién duerma tan sin cuidados?
Si esta no es vida, mejor no la hallo.
¡Oh, Dios del Cielo, Dios bueno y santo!,
si acaso piensas servirme en algo,
si aliviar quieres a este, tu Juancho,
ahora mismo ¡vuélvelo gato! 

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