DÍA 175

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-Mario Mejía-

Día 175
Febrero 26 de 2023, domingo.




Guiaría a Nazareth a Bahía Aguacate. Sería un buen pretexto para despedirme del profe y Gloria de paso por Finca Iracas, y de nadar por última vez en la que consideraba la sección más segura para hacerlo por esas fechas, a saber, la playa del yate.
Entrando a Plan Parejo evidencié nuevos avances en el nuevo puente. Una vez más, esperé que cuando el invierno tornara al río la salvaje masa de agua que ya en varias ocasiones se había encargado de derribarlo, estuviera dotado de la resistencia necesaria para hacer la diferencia. Entretanto, mi compañera exhibía una mezcla de dulzura y sorpresa ante la presencia de decenas de crías diminutas de ranas que saltaban por doquier en el lecho del río, que, a excepción de algunos agonizantes hilos de agua, ofrecía una vista árida a razón del impacto veraniego.
Ye en Iracas, la española tuvo el gusto de conocer a los dos representantes del lugar. Platicó con Gloria mientras puse al tanto al profe de mi marcha y le reporté un sincero y eterno agradecimiento. No obstante, nos veríamos de nuevo y por última vez a mi regreso del Aguacate.
Antes de iniciar nuestro ascenso, observé a mi izquierda la plataforma sobre la que solía erigirse el iglú sintético en el que pasaba las noches mecido por el cántico perenne del mar, luciendo desierta luego de que fuera retirado al ser la excepción a los fuertes vientos que arrancaron del suelo las demás tiendas de campamento.

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Sentados sobre el techo del velero, charlábamos sobre realizar largos viajes navegando. Nazareth dejó claro su temor al respecto, descartándolos. Había cruzado a nado en repetidas ocasiones hasta la embarcación, pero nunca la había abordado. La mujer desplazó horizontalmente la escotilla varios centímetros. En el interior, un camastro, una barra, un par de asientos y otros efectos empapados en agua estancada, y envueltos por un halo de humedad, hablaban de abandono.
Desde la cubierta avistamos un tejado verde que emergía de la espesa vegetación en la montaña. Se trataba de Doble Vista. Le platiqué acerca del lugar y su vista privilegiada. Tomamos el sol un rato más, saltamos y atravesamos la franja de agua que separaba la nave de la costa, agitada como estaba durante mi última visita, al igual que su desalentadora visibilidad, y nos dirigimos al sitio.
—No confío en un músico que sepa bailar. —aseveró Diego Restrepo. Nos topamos con él y con Kelly de camino. Michael Jackson y David Bowie acudieron a mi mente como irrebatibles excepciones a su sentencia. Hablábamos en voz baja en el deck del hostal, procurando no entorpecer la grabación que llevaba a cabo en el bar el grupo musical francés Zoufris Maracas.
Bebimos café negro, conversamos, disfrutamos de la excelsa panorámica y la música de fondo, y un rato después emprendimos camino de regreso a Capurganá. Kelly y Diego descendieron con nosotros hasta un punto determinado, donde me despedí de ellos.

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Un adiós nostálgico di al profe y Gloria. Esperaba fuera un “hasta pronto”. Sentados en el chiringuito en compañía de Miguel tramitaban un asunto crucial, así que fui breve.

Visitamos el modesto refugio de Tavo. Tuvo lugar un recíproco y espontáneo encantamiento entre el viejo eremita y mi acompañante. Charlamos en el arrecife mientras sus hoyos aspersores bufaban expulsando el agua que ingresaba con fuerza por debajo del promontorio.
Un libro para la mujer y otro para mí fueron los obsequios que el viejo decidió entregarnos. Me conmovió realmente el hecho de que, sobreviviendo con lo estrictamente necesario, aparentemente contando con tan poco, tenía a la vez tanto y lo mejor para dar.

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Una noche negra se diseminaba sobre la cancha. Hacía ya un tiempo que esa oscuridad era mi mejor momento del día. Comimos algo en uno de los negocios. Dos mujeres ponían a disposición de algunos niños dos caballetes, papel, crayones, pinceles y paletas cromáticas a cambio de un poco de dinero.
De vuelta en casa de Johana, escritura, conversación y ojeadas aleatorias a los libros que Tavo nos regaló precedieron al agotamiento y posterior ensoñación. 

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