DÍA 157

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-Mario Mejía-

Día 157
Febrero 8 de 2023, miércoles.





“Escribir me suele alegrar; siempre me suaviza el ánimo y me regala un día ingenuo, tierno, infantil. Es la sensación de haber estado por unas horas en mi patria real, en mi costumbre, en mi suelto antojo, en mi libertad total”. Aquellas conmovedoras palabras de la poetisa, pedagoga y diplomática Nobel de Literatura chilena Lucila Godoy Alcayaga, popularmente conocida como Gabriela Mistral, resonaron en mí de manera especial, me hicieron vibrar y me regalaron una sonrisa.

Recibí un valioso aporte de mi hermana, que insistía en que era preciso que me alimentara bien, y tras gestionar la recepción en la sucursal competente, fui en busca de herramienta para continuar avanzando en las labores del hostal, tema que parcialmente se depuró antes de la nueva salida Johana. De camino, observé el hotel en el que Laura solía alojarse. Como se lo hice saber, un mosaico de recuerdos tocante a su anómala y encantadora presencia, y a la inusitada locura que esta desató, acudió a mi memoria.

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Bajo un sol despiadado, retiré gran parte de la maleza que durante aproximadamente un año devoró los jardines del hostal, vocera de la Madre Tierra reclamando lo que por naturaleza era suyo. Unas horas después, sediento y plenamente consciente del peligro que podía acarrear el consumo de agua del grifo, me movilicé en mi fiel compañera de dos ruedas a la casa de Johana en busca de hidratación.
Mientras comía algo con Doralicia, refirió que un par de días después partiría a Triganá, donde daría por terminada su estadía en el Chocó. Luego viajaría a Atlántico para presenciar una de las más representativas celebraciones folclóricas de Colombia, el Carnaval de Barranquilla, y, finalmente, regresaría a su país de origen, Francia.
Adujo que deseaba salir un rato y me pidió la acompañara. Nos reunimos con dos turistas procedentes de Bogotá, que, según reportó, había conocido el día anterior. Se trataba de Gina y Osman, hermanos. Ella era una mujer de unos treinta y cinco años, voluminosa, piel morena y cabello oscuro. El segundo, también bastante robusto, de estatura promedio y corte militar tenía tal vez la misma edad. Reportaron haber perdido contacto durante mucho tiempo a causa de una delicada controversia, y estar viajando en el marco de un reencuentro de hermandad.
Decidí terminar la noche leyendo, así que me despedí de los tres deseándoles buena juerga.

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Recibí una llamada de Laura. Platicamos largo y tendido. Me pareció verla riendo con nitidez. Me enteró de sus novedades familiares y laborales; me extendió un par de recomendaciones literarias y cinematográficas y pude comprobar que, habiendo leído gran parte de mis escritos, estaba más o menos actualizada sobre mis vicisitudes.

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