DÍA 239
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-Mario Mejía-Día 239
Mayo 1 de 2023, lunes.
Primero de mayo. Día internacional de la clase obrera. A finales del siglo XIX mecanismos sindicales en EE. UU. operan con el objetivo de abolir las esclavizantes jornadas laborales de hasta 18 horas diarias.
La Federación Americana del Trabajo estipula que a partir del 1 de mayo de 1886 la jornada máxima sería de 8 horas al día, fecha en la que se originaron huelgas donde ese decreto no se cumplió.
En 1889 el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional —organización formada en ese año por los partidos socialistas y laboristas— declara el 1 de mayo como el Día Internacional de los Trabajadores, en memoria a los líderes sindicales que murieron en pie de lucha durante las protestas que enfrentaron a huelguistas y
policías, y en las que fallecieron miembros de ambos bandos.
Cada primero de mayo se conmemora el precedente histórico que constata que la resistencia de la clase obrera consiguió reivindicaciones laborales y sociales importantes, y se pone de manifiesto la vigencia de esa lucha por mejorar cada vez más las condiciones de los trabajadores.
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En tanto la tarde se acercaba a su final, yo tomaba distancia del casco urbano. Una vez más, grata fue su imagen tocada por la lejanía, y muy clara bajo un cielo despejado que gradualmente se desnudó de nubes y vistió tan solo, finalmente, una luna prematura.
Más tarde, habiendo sorteado la pasarela arbórea y ese deleitoso abrazo en el que verde montaña y bóveda azul se funden, sugería a mi madre y a mi hermana que el guitarrista del flanco izquierdo, un hombre de edad avanzada, piel tostada, un cerquillo de cabello nevado y actitud dicharachera exhibía cierta dificultad para ir de un acorde a otro. Bandolas, tiples, bajo y guitarras eran ejecutadas por señores de la tercera edad que interpretaron música popular. Muchos bailaron y otros cantaron en el parque principal de un pueblito del oriente en el que un tipo sin brazos hacía con un pie lo que muchos sin un miembro ausente no imaginábamos siquiera y decenas de perros de razas costosas se agitaban entre portes altivos, silicona y pestañas postizas tan largas que parecían obstruir la vista más allá de las narices.

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