DÍA 241

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-Mario Mejía-

Día 241
Mayo 3 de 2023, miércoles.




Al autobús parecía sonarle la pintura y cada tornillo. Se me ocurrió que la mezcla de sonidos se presentaba como una lamentación, que, sumada a la música grotesca que un pasajero con cara de poca agudeza reproducía en un altavoz portátil a un volumen exagerado, componía la irritante banda sonora de mi demora. Congestión vehicular, todos los semáforos en rojo y el torpe avance resultante, cómplices recurrentes, jugaban en mi contra promoviendo mi creciente exasperación.

“[…] Luego, tomé un taxi y cuando pasé por una plaza muy bella, casi lloro, porque sentí que también había entrado en el engranaje absurdo del trabajo y de los papeles, y que me habían robado mi tiempo. Porque después de todo mi tiempo es mío y yo debiera ser dueña de gastarlo y malgastarlo según mis ganas. Quiero decir, me pasé la mañana buscando papeles justificativos para que me dejen robarme el tiempo en paz. La verdad, trabajar para vivir es más absurdo que vivir. Me pregunto quién inventó la expresión «ganarse la vida» como sinónimo de «trabajar»”.

—Alejandra Pizarnik

Tras leer aquel texto motivacional de Pizarnik, descendí finalmente del autobús y salvé a pie, apresuradamente, las seis o siete cuadras que aún me separaban de mi sitio de trabajo. Faltaban pocos minutos para las 8am y ya ardía un sol impetuoso. A pesar de la estresante correría, llegué sobre el tiempo. Un día más.

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