DÍA 221
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-Mario Mejía-Día 221
Abril 13 de 2023, jueves.
Enormes, preciosos y costosos pianos acústicos se erigen imponentemente en espaciosos salones de propiedades lujosas. En algunos casos, cumplen tan solo un rol ornamental, constituyendo un inequívoco asomo de suntuosidad y buen gusto.
Ocurre otro tanto con las opulentas bibliotecas de residencias distinguidas, dotadas de cientos y miles de volúmenes que difícilmente serán leídos.
Existe un término japonés ligeramente relacionado con lo segundo, pero está desligado del asunto de la ostentosidad. Se trata del vocablo [Tsundoku - 積ん読]. Proviene de la unión de los términos tsunde oku (積んでおく), que significa apilar cosas para más tarde y dejarlas ahí, y dokusho (読書), que significa leer libros, y es un síndrome consistente en acumular libros que nunca son leídos. A diferencia de la bibliomanía, que se centra en el propósito de coleccionarlos, el Tsundoku orbita en torno a la intención de leerlos.
“No compro libros por tenerlos, ni siquiera para leerlos al momento, sino para leerlos en algún momento", reconocía el filósofo y semiólogo italiano Umberto Eco —bastante recordado por su monumental novela “El nombre de la rosa”—, quien contaba aproximadamente 30.000 libros en sus anaqueles, o, apelando al misticismo que encierran estas palabras del novelista español Carlos Ruiz Zafón, quien reunía millones de almas en su biblioteca:
“[…] Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron, vivieron y soñaron con él”.
[La sombra del viento]
—Carlos Ruiz Zafón
Mientras que en algunos países de Europa —España, por ejemplo— es bien visto ostentar grandes bibliotecas atestadas de volúmenes, la cultura japonesa es proclive a asociar el Tsundoku con el [Síndrome de Diógenes], una perturbación comportamental orientada al abandono extremo del autocuidado, al aislamiento social, a vivir en condiciones insalubres y a la acumulación de objetos inutilizables.
También se habla de Tsundoku digital cuando se acopian grandes cantidades de títulos en la red con la firme convicción de leerlos en algún momento, cosa que nunca sucede obedeciendo a la falta de tiempo, pereza o procrastinación.
En mi caso, lamentaba que la primera causa daba lugar en muchos casos a la postergación de la lectura. Sin embargo, distaba de contar con cúmulos de libros propios de un trastorno de aquel tipo.
Ocurre otro tanto con las opulentas bibliotecas de residencias distinguidas, dotadas de cientos y miles de volúmenes que difícilmente serán leídos.
Existe un término japonés ligeramente relacionado con lo segundo, pero está desligado del asunto de la ostentosidad. Se trata del vocablo [Tsundoku - 積ん読]. Proviene de la unión de los términos tsunde oku (積んでおく), que significa apilar cosas para más tarde y dejarlas ahí, y dokusho (読書), que significa leer libros, y es un síndrome consistente en acumular libros que nunca son leídos. A diferencia de la bibliomanía, que se centra en el propósito de coleccionarlos, el Tsundoku orbita en torno a la intención de leerlos.
“No compro libros por tenerlos, ni siquiera para leerlos al momento, sino para leerlos en algún momento", reconocía el filósofo y semiólogo italiano Umberto Eco —bastante recordado por su monumental novela “El nombre de la rosa”—, quien contaba aproximadamente 30.000 libros en sus anaqueles, o, apelando al misticismo que encierran estas palabras del novelista español Carlos Ruiz Zafón, quien reunía millones de almas en su biblioteca:
“[…] Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron, vivieron y soñaron con él”.
[La sombra del viento]
—Carlos Ruiz Zafón
Mientras que en algunos países de Europa —España, por ejemplo— es bien visto ostentar grandes bibliotecas atestadas de volúmenes, la cultura japonesa es proclive a asociar el Tsundoku con el [Síndrome de Diógenes], una perturbación comportamental orientada al abandono extremo del autocuidado, al aislamiento social, a vivir en condiciones insalubres y a la acumulación de objetos inutilizables.
También se habla de Tsundoku digital cuando se acopian grandes cantidades de títulos en la red con la firme convicción de leerlos en algún momento, cosa que nunca sucede obedeciendo a la falta de tiempo, pereza o procrastinación.
En mi caso, lamentaba que la primera causa daba lugar en muchos casos a la postergación de la lectura. Sin embargo, distaba de contar con cúmulos de libros propios de un trastorno de aquel tipo.

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