DÍA 248
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-Mario Mejía-Día 248
Mayo 10 de 2023, miércoles.
El fragor diario de la alarma. Desperté sobresaltado. La pospuse una, dos, tres, cuatro veces. La noche anterior me metí en la cama exhausto. Era consciente de que mientras más tiempo transcurriera sin ponerme de pie, mayor sería mi premura: ducharme, vestirme, desayunar por inercia, apresuradamente, en modo automático, bocados grandes y afanosos, masticar poco, disfrutar poco, caminar a zancadas envuelto por la ola de calor que azotaba los días desde horas tempranas, percibiendo el descenso de las primeras gotas de sudor, inventariando los segundos, procurando hallar un bus estacionado en el paradero, esperando una silueta peatonal en verde para cruzar, un círculo rojo al caminar, uno verde a través del cristal de la ventana del bus, cruzando los dedos para que no se presentara un embotellamiento. No obstante, me sentía física y mentalmente agotado y postergué por un rato el momento de levantarme, asumiendo, en consecuencia, lo anterior.
Mientras comía algo, me enteré de que, como animales carroñeros, ladrones ingresaron e hicieron de las suyas en la propiedad que se derrumbó cuatro días antes, y que en sus ruinosas condiciones les brindó un fácil acceso.
Escuché en la radio que una mujer que transitaba con su hijo recién nacido por un reconocido pasaje peatonal del centro de la ciudad fue asaltada por otra que trató de arrebatarle violentamente, sin éxito, a su bebé. Por alguna razón acudió a mi mente la surreal escena de la señora atestada de maquillaje hablando al muñeco que llevaba en brazos. Al menos su trastorno parecía no causar un serio perjuicio a otras personas. No lograba dimensionar, en cambio, el infierno que pudo haber vivido aquella madre en caso de que hubieran conseguido raptar a su bebé. Pensé en lo engañosas que podían resultar las apariencias. Cuán llamativo y evidente aparecía el desorden mental de la mujer y su muñeco, y en lugar de eso, la desquiciada que quiso raptar el bebé, luciendo como una mujer promedio, albergaba en su cabeza algo que andaba realmente mal, y que podía causar, de hecho, mucho daño a los demás.

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