DÍA 243
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-Mario Mejía-Día 243
Mayo 5 de 2023, viernes.
“Todo lo bello deja un hueco
en el lugar en donde estuvo, como
queda la huella
de un cuadro en la pared en donde
permaneció colgado un tiempo.
Así, por donde pasas, vas dejando
sucesivas imágenes
que, aunque invisibles,
están ahí, y que puedo
ver con los ojos del amor. Son como
migajas de hermosura,
pequeñas vibraciones
del aire, notas sueltas
de una canción que tal vez nunca
llegó a sonar.
Y no me esfuerzo en perseguir
una gozosa cercanía porque
el tacto es mucho menos
real que este saberte
presente en esa persistente huella,
ese consuelo que me dejas
cuando te vas, ese milagro
que no termina”.
[Todo lo bello deja un hueco]
—Rafael Guillén
Leía los últimos versos de ese poema de Rafael Guillén —quien falleció el día anterior a sus noventa años, y cuya obra literaria dejó, como él mismo postulaba, un hueco en la historia y en la memoria de sus lectores— mientras alguien comenzó a cantar en el interior del bus. Se trataba de un hombre de nacionalidad venezolana que rondaba los cuarenta años, alto y piel morena que, terminado su número musical configurado por una pista instrumental que resonó en una grabadora y que acompañó con su voz, argumentó acerca de su imposibilidad para emplearse formalmente y zanjó el asunto asegurando que “un cantante en las calles es un ladrón menos en ellas”.
“[…] Es más fácil lastimar a quien te quiere que perdonar a quien te hiere”, fue una de las rimas que, adherida a una melodía poco elaborada, asistieron su canto, mediante el cual, finalmente, se granjeó enérgicos aplausos y algo de dinero.

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