DÍA 214

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-Mario Mejía-

Día 214
Abril 6 de 2023, jueves.




“[…] Si en los escombros de la revolución creciera el árbol verde del placer, y las catedrales se cansaran de ser ruinas del fracaso de Dios… Si volvieran los dragones a poblar las avenidas de un planeta que se suicida…”

Tras recuperar algo de energía, me ocupé de redactar algunos textos. Entretanto, se reproducía en mi ordenador aquel segmento de “Si volvieran los dragones”, de Fito Páez y Joaquín Sabina. Se trataba del track # 5 del prodigioso álbum [Enemigos íntimos] —1998—, en el que los dos excelsos artistas dieron rienda suelta a su grandeza como músicos y letristas. A pesar de que la producción gozó de un éxito importante, la gira en directo programada nunca se materializó debido a una serie de discrepancias personales entre ambos.
Como mencioné en un escrito pasado, Joaquín Sabina era un maestro del verso y de la rima, virtud que no se hizo esperar en una carta que escribió a Páez cuando la grabación de Enemigos íntimos concluyó:

“Querido Rodolfo Páez.

En horas inoportunas
me han ido llegando algunas
noticias que se las traen,
y como vuelan y caen
sobre terreno abonado,
voy, señores del jurado,
a contestar en seguida
para vendarme la herida
cortando con el pasado.
Sabes bien que no intervine,
por respeto, en tu rodaje.
No quise hacerte chantaje,
ni soy crítico de cine.
Cuando me llamaste, vine
a filmar en aquel cuarto
como un actor de reparto,
pero ha llegado el momento
de decirte que lamento
estar harto de estar harto.
Ya es hora de terminar
esta historia interminable,
sin víctimas ni culpables.
Pongamos punto final
y volvamos cada cual,
como gatos escaldados,
a ordenar nuestro tejado,
concluyendo esta liga,
si no queremos que siga
lloviendo sobre mojado.
Te lo digo porque creo
que urge cortar por lo sano
con la gira del verano
y el quilombo del video.
El rol de patito feo
no me va, te lo aseguro,
y menos el de hombre duro
que a ti te cuesta tan poco;
antes de volvernos locos
corrijamos el futuro.
He decidido que paso
la página de este enredo
perdiéndole miedo al miedo.
La gota que colma el vaso
no me la trago; hazme caso
y volvamos a lo nuestro,
cortemos este ambidiestro
nudo Gordiano de un tajo;
no soy tan tonto, carajo,
ni tú tan listo, maestro.
Te lo he dicho muchas veces
y no has querido escucharme,
sin pretender humillarme
me has humillado con creces;
a ti siempre te parece
que mis quejas son por vicio,
que maltrato nuestro oficio
siendo tal y como soy.
Déjame sacarte hoy
por última vez de quicio.
Basta de mirar atrás,
me voy con las emociones
que traen mis nuevas canciones;
¿discusiones? ni una más,
tu Warner no ha de lograr
domesticar mi camino,
ni compartirá mi vino
gente que yo no decida.
Quien no se planta en la vida
no es dueño de su destino.
Aunque sea por una vez,
tendrás que tomarme en serio,
no me hables de ministerios,
presupuestos, BMG's,
no me vuelvas del revés
la decisión que he tomado,
que, por cierto, me ha costado,
sangre, lágrimas, sudor.
Conocerte fue un honor,
seguir juntos un pecado.
Lo más difícil ahí queda:
catorce hermosas canciones,
clip, reseñas, promociones,
mi voz de lija y tu seda;
con que sálvese quien pueda,
antes de que otras rencillas
conviertan en pesadillas
los sueños de la razón.
También sé decir que no
si me buscan las cosquillas.
No filmaré más videos,
ni discutiré contigo,
seguiré siendo tu amigo
sin urgencias ni careos.
De corazón te deseo
que lo entiendas noblemente
y le expliques a tu gente
que este es un final feliz.
No puedo seguir así,
con la pluma entre los dientes.
Tengo que empezar de nuevo,
para escapar del abismo,
a decidir por mí mismo
sin contar con nadie; debo
atreverme, si me atrevo,
a demostrar lo que digo,
sin presiones ni testigos,
con aire nuevo en las pilas,
y la conciencia tranquila
de este, tu íntimo enemigo”.

—Joaquín Sabina

Diez años duró la malquerencia entre Sabina y Páez, década después de la cual el poeta, cantautor y pintor andaluz participó en [No sé si es Baires o Madrid] —2008—, un interesante y muy dinámico álbum en vivo del rosarino.

Enemigos íntimos siempre me remitió a una época de mi vida en la que se destacaron la euforia y la despreocupación; me situaba en una porción geográfica y con un grupo de personas muy puntual. Sus letras magistrales se conjugaban armoniosamente con mi interés por la lectura y la escritura. 

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