DÍA 209

 3 6 5

-Mario Mejía-

Día 209
Abril 1 de 2023, sábado.




Visité a Esteban Arroyave, Juan David y Alejandro en la tienda de instrumentos. Los acompañaba Angie, una mujer de unos treinta años, piel blanca, voluptuosa y afables maneras. Se encontraba en etapa de entrenamiento para desempeñar labores administrativas.
Reinaba una calma que, según refirieron, fue precedida por la visita de una multitud de clientes que promovieron un buen resultado en la cuota de ventas de la jornada.
Charlamos por un rato. El delicioso café negro preparado por Esteban no pudo faltar, al igual que sus cómicas ocurrencias que me hicieron reír hasta perder el aliento, cosa que, honestamente, necesitaba.
Les dije hasta pronto y me encaminé hacia las Torres de Bomboná, donde tendría lugar un grato encuentro. Paso a paso la luz del día se disipó y llegué a sitio recién la noche se presentó.
Di un fuerte abrazo a mi viejo amigo Juan Esteban Ramírez. Viajó desde Brasil y pasaría unos meses en Medellín. Me dio mucho gusto verlo después de un tiempo. Lo acompañaban Vanesa, de tal vez veinticinco años, rubia, delgada y enormes ojos claros; Katherine, de treinta y nueve, entrada en carnes, cabello oscuro y corto, y anteojos; Andrea, que rondaba los veintiséis, estatura promedio, piel trigueña y ensortijados cabellos amazónicos, y un hombre de aproximadamente veintiocho, blanco y actitud pasiva, cuatro actores de teatro que hacían parte del elenco de una función que habían presentado horas antes, y a la que Juanes había asistido.
Platicamos largo y tendido, fluimos musicalmente acompañados de su fabulosa guitarra siete cuerdas y apuramos dos o tres botellas de tequila que confirieron una euforia paulatina a nuestras interpretaciones de algunos clásicos de Fito Páez, Gustavo Cerati, Natalia Lafourcade, Spinetta y Charly García, y al acompañamiento lírico de los allí presentes.
Más tarde, Camilo Zapata se sumó al grupo, al igual que una mujer de quizá treinta años, alta, delgada, piel rosada, cabello largo y rojo encendido que me deleitó cantando, acompañada de su guitarra, canciones entrañables, viejísimas e inéditas de Fito que siempre removieron en mí fibras importantes.
Dimos una tregua a las guitarras y pasamos el resto de la noche bailando en uno de los bares del lugar.
Habría próximos encuentros. Esperaba fueran mucho más calmos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

DÍA 145

DÍA 23

LLAMA LA CONCIENCIA - monólogo