DÍA 211
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-Mario Mejía-Día 211
Abril 3 de 2023, lunes.
Una de las tantas melodías presentes en mi encuentro con Juanes y compañía hacía eco en mi memoria. Mi cuerpo y mi mente estaban aletargados. Parecían rehusarse a enfrentar un día que, por el contrario, se agitaba con vehemencia. Un tipo manipulaba varillas de hierro de gran longitud en la parte posterior de una camioneta. Giró descuidadamente mientras cargaba una de ellas sobre los hombros y estuvo a milímetros de impactar el rostro de un motociclista que ascendía por la avenida a una velocidad considerable. La vida era imparable. Esa mañana corría a toda prisa, y la muerte, como de costumbre, la asistía fielmente, solo bastaba un mal movimiento para que actuara.
Aquella afanosa dinámica se acentuó en el momento en que el conductor del autobús pisó el acelerador a fondo y condujo como alma que lleva el diablo —corrió con la fortuna de hallar las vías inusualmente despejadas y las luces de los semáforos en verde—, llevándome a destino en menos de la mitad del tiempo que solía tomar. Me dije que era muy probable que, en caso de haber estado retrasado ese día, difícilmente me habría topado con el aguerrido velocista al volante. En lugar de eso, arribé a la compañía con cerca de una hora de antelación.
Leí un discurso que a comienzos de los 80’s proclamó el escritor y periodista español Jesús Quintero:
“Siempre ha habido analfabetos, pero la incultura y la ignorancia siempre se habían vivido como una vergüenza. Nunca como ahora la gente había presumido de no haber leído un libro en su vida, de no importarle nada que pueda oler levemente a cultura, o que exija una inteligencia mínimamente superior a la del primate. Los analfabetos de hoy son los peores porque en la mayoría de los casos han tenido acceso a la educación, saben leer y escribir, pero no ejercen. Cada día son más y el mercado los cuida más, y piensa más en ellos. La televisión cada vez se hace más a su medida. Las parrillas de los distintos canales compiten en ofrecer programas pensados para una gente que no lee, que no entiende, que pasa de la cultura, que quiere que la diviertan o que la distraigan, aunque sea con los crímenes más brutales o con los más sucios trapos de portera. El mundo entero se está creando a la medida de esta nueva mayoría. Todo es superficial, frívolo, elemental, primario, para que ellos puedan entenderlo y digerirlo. Esa es socialmente la nueva clase dominante, aunque siempre será la clase dominada, precisamente por su analfabetismo y su incultura, que imponen su falta de gusto y sus morbosas reglas. Y así nos va a los que no nos conformamos con tan poco, a los que aspiramos a un poco más de profundidad".
[Los analfabetos de hoy]
—Jesús Quintero
Un par de días antes platicaba con alguien acerca de las tendencias musicales actuales, cuya gran mayoría, tristemente, era una grotesca vulgarización de la música. Ahora bien, más preocupante que aquellas aberraciones musicales en sí mismas, era la desmesurada cantidad de personas que las consumían, denotando —usaré las palabras de Jesús Quintero— un crecimiento exponencial del analfabetismo en mención.
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Acepté como noble retribución a un arduo día de trabajo el obsequioso ocaso arrebolado.

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