DÍA 208

 3 6 5

-Mario Mejía-

Día 208
Marzo 31 de 2023, viernes.




Tuvo lugar una modesta reunión con todo el personal. Un ligero refrigerio, dos o tres partidos de tenis de mesa y una pieza audiovisual en la que algunos miembros de la compañía ofrecían palabras emotivas y una que otra lágrima de despedida a uno de los integrantes más antiguos de la compañía, modelaron la clausura de esa semana laboral.

--- --- --- --- ---

La noche era joven y una cantidad importante de personas convergían en las afueras del Museo de Arte Moderno —MAMM—, platicando, bebiendo cerveza, paseando a sus perros, algunos de los cuales correteaban alegremente. Un dj reproducía canciones encuadradas en un género musical que no sabría especificar y una ronda de jóvenes ejecutaba avezados pasos y maniobras que se entretejían muy bien con ellas.
Tífany se aproximó con paso firme. Semanas antes me propuso asistir a un concierto en el teatro en boga y siendo una de las cosas que extrañaba de la ciudad, estuve de acuerdo.
Compartimos una cerveza fría e ingresamos al auditorio que estaba a medio llenar. Una agrupación de nombre “La Bad Band” se encargó de la apertura. Su versatilidad me gustó, distando del patrón común en muchos grupos consistente en un setlist tan homogéneo que propende a aburrir, pero manteniendo una esencia que vertebraba la globalidad de su propuesta, y que enarbolaba hostilidad, inconformismo y anarquía, elementos claramente presentes en su estética visual y de sonido.
Discurría su repertorio y yo asociaba sus piezas con formatos como los de Neus, Los PetitFellas y Estados Alterados.
Posteriormente, seis personas actuaron congregadas alrededor de una plataforma móvil situada en el centro del escenario. Usando computadoras portátiles, superficies de control, pads de múltiples colores, un par de teclados, interfaces de sonido y una infinidad de cables que interconectaban el sistema, emitieron ininterrumpidamente, durante aproximadamente una hora, una serie de sonidos que, totalmente carentes de ritmo, melodía y armonía, no despertó en mí —y al parecer, tampoco en el gran número de personas que abandonaron el auditorio— mayor interés. Me pregunté si realmente se trataba de algo que no podría considerarse como música, o si yo era lo suficientemente ignorante como para entender una propuesta conceptual avanzada y en suma compleja.
Finalmente, Margarita Siempre Viva puso a bailar y a saltar al público más joven con su indie rock armado de guitarras afiladas, eventuales descargas de noise e influencias de bandas como El Otro Yo, Los Planetas y Yo La Tengo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

DÍA 145

DÍA 23

LLAMA LA CONCIENCIA - monólogo