DÍA 228
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-Mario Mejía-Día 228
Abril 20 de 2023, jueves.
—Tal y como sucedieron las cosas, así tenían que ser, no podía ser de otra forma. —concluyó Michelle después de hablarme de un asunto personal. ¿Estaba escrito en piedra entonces?; sin importar cómo se obrara, ¿el desenlace era inalterable? No pude dejar de pensar en el misterioso anciano que, luego de insistir durante ocho meses en reunirse con un poderoso personaje, consiguió que su secretaria —previo consentimiento de su jefe— lo invitara a seguir a su despacho.
—¿En qué puedo servirle? —preguntaba el hombre al anciano.
—En nada. Soy yo el que puedo servirle a usted. Tengo un documento que puede interesarle. —reponía el forastero y ante el asombro de su interlocutor colocaba sobre la mesa pesados volúmenes en los que el escéptico magnate podía leer apartes aleatorios de la historia de su vida, contada con lujo de detalles, sin prescindir de asuntos tan íntimos y secretos que tan solo él podía conocer. Empero, más que la fiel descripción de su pasado, lo que ocasionó una mayor conmoción en el lector fue hallar en uno de los tomos la narración fidedigna de su encuentro con el apocalíptico visitante, desde que entró por la puerta de su oficina, incluyendo con pasmosa literalidad cada palabra, cada gesto, cada impresión, cada pensamiento. Horrorizado, se percató de que en esas páginas —que, aunque parecían producto de un sueño, eran reales— estaban plasmados no solo su pasado y su presente, sino también su futuro, que advertía al leer sus propias ideas anticipadas unos párrafos o páginas más adelante. Un saltarse dos o tres hojas, sin falta, aparecía allí escrito; un volver atrás, figuraba también consignado en la tinta de su destino.
Aquella fascinante propuesta vertebraba [El acto libre], un cuento del escritor chileno José Edwards, que exponía en sus últimas líneas:
“[…] Por todo lo que sabemos, el tipo continúa leyendo, o leyéndose leer, apresado en la trampa de su propia libertad, o de su propia clarividencia, sin atreverse a pestañear o a mover los ojos del texto, hasta el día de hoy”.
[El acto libre]
—José Edwards
No tenía noticias de Michelle hacía quizá un par de meses. Se puso en contacto conmigo. Me habló del apoyo invaluable que recibió por parte de Ondina en La Gata Negra antes de que esta retornara definitivamente al Carmen de Viboral, al igual que de un par de voluntarios más, y de cómo fueron azotados por un agresivo virus que les puso las cosas bastante difíciles durante la última temporada.
Con el regreso a Antioquia del personal de soporte, se presentaba ante la administradora del hostal una etapa de nuevos retos que, estuviera escrita o no, personalmente esperaba fluyera satisfactoriamente.

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