DÍA 233
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-Mario Mejía-Día 233
Abril 25 de 2023, martes.
Me dirigía a pie hacia el paradero del autobús. Levanté la mirada para contemplar el dosel arbóreo y recordé algo que había escrito siete años atrás, época en la que residía en la vereda Barro Blanco, situada en el corregimiento de Santa Elena:
EL BOSQUE ME HABLÓ
El bosque me habló.
Me dijo: “calma”.
Su viento me abrazó y me susurró:
“Soy tuyo, respira”.
El bosque formuló una pregunta que se llevó mil dudas, como hojas secas.
La respuesta está en la copa de los árboles, que la escoltan como al azul de ese cielo parcialmente visible desde el suelo.
Cavé y enterré mis manos. Proyectarán sus raíces tan profundo como sea necesario para mantener mi cabeza lejos del suelo, lleno de peligros, y mis pies siempre puestos en el Sol.
El bosque me habló.
Me dijo: "calma”.
El texto surgió mientras caminaba a través de una zona boscosa y fuertes vientos rugieron súbitamente.
"El deseo se entiende como la alegría de ver, pese a la ausencia, lo ausente", afirmaba el indagador musical, violonchelista y escritor francés Pascal Quignard. Aquella mañana, de camino al trabajo, bajo las copas de los árboles, experimenté una fracción de lo expuesto por Quignard, una añoranza nacida en la vívida imagen que el tramo que transitaba, mi escrito y el bosque donde este se originó, estructuraron en mi mente.
Una antigua tradición corintia consideraba el recuerdo y la añoranza como elementos claves en la invención de la escultura y la pintura. Butades de Sición fue un mítico artista de la Grecia Antigua. Se creía que su hija se enamoró de un joven corintio. Cuando este se vio forzado a viajar al extranjero, su amada le pidió durante su última noche juntos que permaneciera inmóvil. Resuelta su petición, trazó con carboncillo en la pared de la habitación el perfil de su cara, que su sombra proyectaba en ella. Butades aplicó una capa de arcilla y modeló el rostro con la ayuda de la silueta resultante. Finalmente, tras poner la greda en un horno, obtuvo un retrato perdurable.

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