DÍA 184

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-Mario Mejía-

Día 184
Marzo 7 de 2023, martes.




Esa mañana me movilicé echando mano de una segunda modalidad que implicaba un trayecto de aproximadamente veinticinco minutos a pie y tomar luego un autobús que me llevaría a destino más o menos en treinta. La posibilidad de escuchar algo de música o un documental mientras caminaba, de reintegrarme paso a paso a la ciudad, de viajar en un vehículo que, a diferencia del tren, no obligaba a amontonarse entre cuerpos desconocidos y sudorosos, y de emplear en ello un tiempo razonable, parecían dictarme que era —al menos por el momento— una elección por la que podría decantarme.
En lo tocante a lo segundo, recordé una declaración que en algún momento leí de Gabriel García Márquez. Señalaba que cuando regresaba —sin importar de dónde— a su tierra natal, a su entorno caribeño, evidenciaba que todo en su cuerpo y en su mente se reajustaba, identificándose perfectamente con toda esa realidad ecológica. “Uno es de su medio ecológico, y es grave y peligroso salir de él”, aseveraba el escritor colombiano. Afirmaba que en el caso hipotético de que se le pusiera con los ojos vendados en cualquier lugar de la costa caribe colombiana, inmediatamente conocería su ubicación obedeciendo a una manera muy específica en la que su organismo empezaría a operar, y a ese reajuste producto de una identificación total del cuerpo y de la mente con el medio. “Cuando yo estaba escribiendo [El otoño del patriarca] —novela publicada en el el año 1975—, tuve un frenazo. Fue un bloqueo, no sabía cómo seguir. Ingenuamente pensé que se me estaban olvidando las cosas, el modo de ser de la gente, el color de la luz. Corté e hice un viaje de un mes por el Caribe. No hice algo en especial, no vi a nadie, sencillamente veía a la gente, la escuchaba hablar. Terminado el viaje, me solté hasta el final. Me di cuenta de que no era que se me estaban olvidando las cosas: era que se me había acabado la gasolina de mi cultura básica. Después, releyendo el libro, leyendo los originales, encontré detalles que me confirmaron que lo que necesitaba era tener otra vez ese ambiente metido dentro para seguir escribiendo", concluía.
Por mi parte, no había sufrido un cerco creativo, pero esperaba que mi reciente regreso a mi ciudad de origen —aunque no la más amada— me ayudara a reorganizar y renovar mis ideas, y que, en términos generales, me sentara bien al respecto. 

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