DÍA 234
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-Mario Mejía-Día 234
Abril 26 de 2023, miércoles.
“[…] Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín en el que todos los corazones se abrían, en el que todos los vinos se escanciaban.
Una tarde, senté a la Belleza en mis rodillas, y la encontré amarga, y la injurié
[…] Me armé contra la justicia.
Logré que se desvaneciera en mi espíritu toda la esperanza humana. Sobre toda alegría, para estrangularla, realicé el sordo ataque de la fiera salvaje.
Llamé a los verdugos para, mientras perecía, morder las culatas de sus fusiles. Invoqué a las plagas para asfixiarme en la arena, en la sangre. La desdicha fue mi dios. Me tendí en el lodo. Me dejé secar por el aire del crimen. Le hice muy malas pasadas a la locura. Y la primavera me trajo la espantosa risa del idiota…”
[Una temporada en el infierno]
—Arthur Rimbaud
Un día ruidoso se presentó ante mí. Ruidosas las palabras que de [Una temporada en el infierno] acababa de engullir —me hicieron evocar esos textos violentos e incómodos de Kafka—. Ruidosa la alarma azotándome, sustrayéndome de mi letargo y obligándome a saltar de la cama porque había compromisos por cumplir. Ruidosa la fila en el paradero del bus y ruidosa la mujer vulgar que, cuando hube estado enfrente de la puerta, apareció de la nada, y, sin vacilar, se puso delante de mí y abordó el vehículo sin más. Ruidoso el conductor de abyecto semblante que, en medio de la presurosa y sórdida rutina, prácticamente me tiró los vueltos haciendo sonar las ruidosas monedas al caer y rodar por el suelo. Ruidosa la cortadora que durante casi toda la jornada desplazó a las notas de las liras y atiborró el lugar con su estridencia metálica.
Las agujas del reloj parecieron cargar como pocas veces con el peso de mi exasperación, arrastrándose lenta y torpemente, postergando el momento en que el tiempo aniquilara, al fin, el día.

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