DÍA 245

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-Mario Mejía-

Día 245
Mayo 7 de 2023, domingo.




Corría el 30 de diciembre de 2016. Era una noche gélida en Santa Elena. Había llovido y la humedad persistía en las hojas de los árboles, en su corteza, en el pavimento.
—Llegó aquí corriendo. Huía del ruido de la pólvora, entró y ha permanecido bajo uno de los muebles ubicados en el segundo piso. —indicó una de las meseras del lugar cuando tres personas se aproximaron a la entrada y se mostraron interesadas en subir al segundo nivel. —Si no les incomoda, pueden situarse en la salita y en un momento les atenderemos.
El restaurante tenía por nombre “La Chilanga” y servían comida mexicana.
Los recién llegados no vacilaron en instalarse. En efecto, allí estaba. Un perro adulto, de tamaño mediano, denso pelaje marrón, hocico plateado, orejas triangulares muy suaves, ojos negros y mirada profunda se agazapaba bajo una silla. Lucía amedrentado y temblaba. No ofreció resistencia alguna en el momento en que los visitantes se pusieron en cuclillas para acariciarlo. Estaba mojado y su estremecimiento perduraba a causa del frío y uno que otro estallido proveniente del exterior.
Bastó la estadía de escasa hora y media para que los comensales, mirada tras mirada, caricia sobre caricia, una cola peluda y agitada y la confianza que se afianzó paulatinamente sucumbieran ante los encantos del fugitivo, y ante el convencimiento de que se trataba de un animal callejero, optaron por adoptarlo.
Las tres personas éramos Michelle, doña Cecilia —su madre— y yo, que en aquella época residíamos en una de las veredas del corregimiento. Muy pronto Michelle y yo supimos que era una hembra. La llamamos “Chilanga”, obedeciendo al nombre del establecimiento donde la hallamos. Nos honró con su compañía durante unos años. Doña Cecilia, que vivía en la finca colindante, siguió también en contacto con ella.
En mayo de 2020 alguien envenenó a Chilanga.
Aquel 7 de mayo de 2023 una red social me notificó un recuerdo. Se trataba de diez versos que escribí a nuestra fiel compañera, tres años atrás, luego de su partida:


DÉCIMA A LA CHILANGA
—Mario Mejía

Viaja, Chilanguita hermosa,
¡ve!, llévate esa nobleza:
de la cola a la cabeza
en tus ojitos rebosa.

Esa trompita canosa,
mojada aquel primer día
en que con tanta alegría
te metiste en nuestra vida
difícilmente se olvida...
Finalmente, ¿adónde iría?

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