DÍA 219

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-Mario Mejía-

Día 219
Abril 11 de 2023, martes.




La intención era montar una vez más, pero la amenaza de lluvia —y su posterior confirmación— me hicieron desistir de la idea. Avancé por la calle gris como el cielo encapotado. Se le fue hondo la juerga —me dije al toparme con un tipo que yacía dormido sobre un andén. Sus piernas se proyectaban peligrosamente hacia la avenida, bastante transitada. —Si un conductor no lo ve, podría aplastarlas. Podría perder sus extremidades, o tal vez no. Quizá, sencillamente, despierte un par de horas más tarde experimentando una intensa resaca, y cuando se ingiere licor esa es una consecuencia que es preciso asumir. Si llegase a tener lugar una contrariedad con el tema de sus piernas, sucedía otro tanto. La vida me mostraba todo el tiempo que los errores se pagaban con dinero, tiempo, o sangre. —concluí para mis adentros. Pude tratar de despertarlo, o de arrastrarlo hacia la seguridad de la acera. No obstante, carente de empatía, y experimentando, de hecho, un decidido asco, proseguí.
Un rato después había abordado el autobús. Sentado a mi izquierda, un pasajero reproducía en su teléfono móvil, a un volumen elevado, su inmundo reggaetón. Lo miré mientras me preguntaba por qué no usaba audífonos, evitando así exasperar a los demás ocupantes del vehículo, y de paso aparecer como un subnormal.

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Nuevamente, el trabajo lo absorbió todo. Absorbió el tiempo. Absorbió la energía. Absorbió la vida. La jornada laboral se extendió hasta las 11pm. Esa mañana salí de casa pasadas las 6:30am. Llegué poco antes de la medianoche con ganas de nada, tan extenuado, que inclusive el deseo de comer se vio eclipsado. Por supuesto, considerando el agotamiento y las pocas horas que restaban para empezar un nuevo “ciclo productivo”, leer, escribir, ver una película o ejercer una actividad diferente a generar dinero estuvieron totalmente fuera de mi alcance.

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