DÍA 250

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-Mario Mejía-

Día 250
Mayo 12 de 2023, viernes.




Disfrutaba de la ligera brisa que agasajaba la noche. Bebía una cerveza en el pasaje mientras escuchaba trozos de canciones que escapaban por puertas y ventanas desde el interior del bar, donde, a excepción del encargado de la barra, reinaba la soledad.
Una chica muy joven, de tal vez quince o dieciséis años, de tez lívida, cabello lacio y oscuro se situó en el andén de enfrente. Acomodó un banco de madera y dispuso sobre él, abierta en su totalidad, la funda de un violín tras extraer de ella su arco e instrumento. Ubicó dentro de la cubierta una modesta instalación de bombillos muy pequeños que emitían una luz amarilla y tenue. A unos centímetros del asiento emplazó un altavoz. Reprodujo una pista y luego de tomar cierta distancia evitando generar feedback, ajustó su preamplificador y ejecutó hermosas melodías que se enlazaron perfectamente con la base rítmico-armónica que emanaba del parlante, tejiendo finalmente una pieza musical bastante bien lograda. La violinista, de semblante neutral y mirada tímida, exhibía una aguerrida interpretación, y aunque su rostro reflejaba cierta imparcialidad, cada uno de sus movimientos y de sus notas agudas enarbolaban una actitud imponente, que, asistida por un talento innegable, reclamó la atención, los aplausos y el aporte económico de muchos de los allí presentes.
Y así fue canción sobre canción. En tanto interpretaba clásicos del rock de los 70’s y 80’s, su confianza parecía consolidarse, condición que confería a su presentación ambulante un carácter cada vez más acrisolado.
Sus melodías continuaban ondulando y mis pensamientos se orientaron hacia el arrojo de la joven. Recreó en mi memoria aquellos meses en Chocó en los que traté de obtener mi sustento a través de la música, y la difícil empresa que ello constituía.
Una vez más, aplaudí su extraordinario número. Aplaudí su valentía. 

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