DÍA 255

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-Mario Mejía-

Día 255
Mayo 17 de 2023, miércoles.




Una vieja canción de Cream ambientaba uno de los bares de Las Torres, dando perfecta cabida a otra exquisita tendencia musical que nos asistió en el umbral del nuevo día. Un par de horas antes, mojados, intervenidos por un hombre que señaló estar infectado de VIH, y que nos ofreció una embarcación construida a mano en un material rústico, y tras procurarnos con cierta dificultad un medio de transporte, nos movilizamos al centro de la ciudad. Compartía una cerveza con Paulina, David y el otro chico. Entretanto conversábamos acerca del concierto, sobre Pedro Aznar —que, entre otras cosas, se presentaría en vivo una semana después, también en el Teatro Metropolitano—, Luis Alberto Spinetta, Charly García y el rock argentino. Tal vez dos horas más discurrieron entre la música, la plática, la lluvia decidida y un tinte bohemio al que mi fatiga acumulada no proyectaba atribuir mayor longevidad. Echadas abajo las puertas del establecimiento, nos hallábamos ubicados en uno de los pasillos. El lapso entre ese momento y aquel en que debía ponerme de pie para enfrentar la laboriosa rutina se contraía cada vez más, y sabiendo por experiencia lo mal que podría pasar el día si decidía darle largas a la entretenida tertulia, me despedí del grupo, no sin antes agradecer a Paulina por aquella suerte de adelantado y entrañable obsequio de cumpleaños.
Atravesaba el corredor y poco antes de descender a la empapada avenida para tomar un taxi, escuché el llamado de David, que se aproximó a mí. Me puso al tanto de que acostumbraba a leer mis textos. Charlamos cerca de quince minutos al respecto y después de escuchar con atención un bienvenido consejo, lo abracé y tomé rumbo a casa.

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La madrugada acaeció en un abrir y cerrar de ojos. Con ellos cansados salté de la cama.
De camino al lugar de trabajo sostuve una conversación por texto con mi hermana, consistente básicamente en la presentación del rosarino la noche anterior, noche que pesaba aún en mis hombros, para bien y para mal, como un grato recuerdo, como mis párpados proclives a cerrarse. Esa noche de miércoles ella iría a ver a Fito en una segunda fecha agendada para otro concierto.

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