DÍA 205
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-Mario Mejía-Día 205
Marzo 28 de 2023, martes.
La naturaleza exhibía su furia mediante un aguacero tan fuerte que escuché por vez primera el agua fluyendo a borbotones, vertical y horizontalmente, a través del sistema de tuberías que se ramificaba en torno a los distintos niveles de la Torre B. Me hallaba en el sótano, donde la vorágine hídrica se escuchaba con mayor vigor. Por un instante me imaginé habitando la sentina de un navío en la que el agua salada comenzaba a filtrarse. Pensar en un naufragio, en un alegórico derrumbamiento, no se me antojó del todo descabellado. Había cabida para todo. Cualquier cosa podía acaecer.
Más tarde cesó la lluvia. El cielo pareció alivianarse tras las torrenciales precipitaciones. Observé a un grupo de niños jugando fútbol. A un joven haciendo equilibrio al avanzar en bicicleta sin establecer un contacto entre la llanta delantera y el asfalto. Mientras lo miraba, escuché algo en la radio: una mujer trans asesinó a balazos a tres niños y tres adultos mayores en una escuela cristiana en Nashville, capital del estado de Tennessee, en EE. UU. La responsable de las muertes —exalumna del instituto— fue dada de baja por el cuerpo de policía. Al parecer, el hecho de haber sido presionada para hacer parte de una escuela cristiana, y el impacto que este contexto pudo tener en el desarrollo de su sexualidad, tuvieron una notable incidencia en lo sucedido.
Por alguna razón, aquel reporte me hizo recordar unas palabras que del neurólogo austriaco de origen judío Sigmund Freud había leído pocos días antes:
“[…] De la manera en que un artista puede emplear las mismas pinturas para producir un cuadro hermoso o uno feo, también el Yo puede combinar la masculinidad y femineidad originales de una persona para componer una personalidad hermosa o una fea. Juzgar el producto final, sea cuadro o personalidad, es legítimo. Condenar los elementos es absurdo. Se puede emplear la masculinidad para producir el heroísmo de Leónidas, o la acción de un asesino. Se puede elogiar o censurar los resultados obtenidos por el Yo con la masculinidad y femineidad originales, pero no hay nada elogiable o censurable en la mera existencia de estos elementos”.
[El problema económico del masoquismo]
—Sigmund Freud

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