DÍA 224

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-Mario Mejía-

Día 224
Abril 16 de 2023, domingo.




Fue un día bienaventurado. Dispuse de él para leer, escribir y reponer energías después de una ardua semana. Mientras me ocupaba de lo segundo, mi computadora emitía una canción de principios de los 70’s, escrita por el guitarrista, cantante y compositor inglés Eric Clapton y el pianista y percusionista estadounidense Jim Gordon:

“[…] You turned my whole world upside down... Darling, won't you ease my worried mind?
Make the best of the situation before I finally go insane.
Please don't say we'll never find a way…”

Se trataba de “Layla”, una composición inspirada en el amor no correspondido de Clapton hacia la modelo británica Pattie Boyd, que en aquel entonces, a pesar de quererle e inclusive verse con él a escondidas, estaba casada con su amigo George Harrison, Beatle y mente brillante. No obstante, tras la separación de Boyd y Harrison, Clapton contrajo matrimonio, dos años después, con la modelo.

Sobrevinieron nuevas letras y canciones. Sin embargo, mis pensamientos —muchas veces inquietos y desordenados— continuaron pendulando en torno a Eric Clapton. Me centré en un penoso acaecimiento que, décadas después, lo golpeó, preguntándome cuán frustrante puede resultar para un gran músico y guitarrista el presentar pérdida de la audición, además de padecer neuropatía periférica, condición que comprometió el correcto funcionamiento de sus piernas, brazos y manos, repercutiendo de manera lamentable en la ejecución del instrumento.
No cesaba de dar vueltas al asunto y no pude evitar pensar en Jorge Luis Borges, quien vivió un infortunio semejante. Escritor ampliamente considerado como una de las piedras de toque para la literatura universal, y un ávido lector, se quedó completamente ciego a la edad de 55 años. Me cuestioné si textos como “El remordimiento”, incluido en su libro de poemas [La moneda de hierro], estaban de algún modo permeados por aquella desventura:

“He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
la sombra de haber sido un desdichado”.

"El remordimiento", [La moneda de hierro]
—Jorge Luis Borges

Por su parte, Jim Gordon, presa de desgracias de otra índole, murió en prisión a sus 77 años tras haber asesinado a su madre con un martillo cuarenta años antes en el marco de un episodio de esquizofrenia.

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