DÍA 256

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-Mario Mejía-

Día 256
Mayo 18 de 2023, jueves.




Sonido del monitor cardíaco. Estaba de pie al lado suyo. Apretaba su mano inanimada, endurecida por los callos de un hombre trabajador en demasía.
Súbitamente, abrió los ojos, apretó también mi mano, se quitó tubos y agujas y se sentó.

—Pero los médicos dijeron… —señalé.
—No les hagás caso. —repuso encogiéndose de hombros.
—¡Sos un roble, mi viejo, estás entero! Sabía que de esta salías. Nos enterrás a todos, Rauzán.
—Vámonos de aquí, me duele todo el cuerpo de estar postrado en esta cama por días.

Horas más tarde estábamos en Frontino. Nos situamos en la parte trasera de la finca. El final del generoso corredor conectaba con el verde de la montaña. Bebimos delicioso jugo preparado por él con naranjas frescas del lugar. La vieja casa exhalaba esos tangos que adora. Los entonó vigorosamente. Su emotiva gesticulación mientras cantaba hacía justicia a su arraigado amor por ellos. Me deleité escuchando sus mil y una historias, cargadas de aventura, comicidad, valentía y un ápice de exquisita locura. Platicamos como pocas veces.

—¿Te acordás de las caminadas que hacíamos al seminario cuando todavía estabas muy pelao’?
—Por supuesto. Tomabas hojas de los eucaliptos, las ponías en mis manos y me instabas a desmenuzarlas y olerlas, aduciendo que harían bien a mis pulmones. Me aconsejabas, me enseñabas códigos…

Escuché nuevamente el sonido del monitor. Me espabilé. Un pitido incesante invadía el autobús. Así fue desde el instante en que lo abordé hasta que descendí de él.

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