DÍA 201

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-Mario Mejía-

Día 201
Marzo 24 de 2023, viernes.




“Kuchi zamishi: comer sin sentir hambre porque la boca se siente sola”. Era una concepción japonesa con la que había tropezado recientemente.
No recordaba cuándo había sido la última vez que me sentí tan agotado como aquella tarde. Con todo, no justamente el deseo de socializar, sino más bien la intención de mezclarme con otra gente por un rato, pretendiendo así evitar estar a solas conmigo —compañía que a veces detestaba—, e imaginar la sensación de una cerveza fría descendiendo por mi garganta fueron razones suficientes para exhortarme a modificar mi rutina cotidiana e ir en busca de una.
Evoqué mentalmente un pensamiento del escritor colombiano Andrés Caicedo:

“Me da miedo atroz pensar en que se está debilitando mi interés por todo. No resisto esta soledad, busco compañía y no resisto la compañía".

—Andrés Caicedo

Como media hora después, el refrescante líquido bullía en mi boca como hervía en la plazoleta de Las Torres un sinnúmero de personas que seguramente, al igual que yo, se habían congregado allí con el ánimo de calmar la sed, sea cual fuere su índole.
Me topé con Camilo, un viejo conocido. Contaba unos treinta y cinco años, moreno, baja estatura, barba y cabello corto. Platicamos brevemente y luego, por decisión unánime, nos desplazamos a pie hasta el Pasaje Cervantes, no muy lejos de donde estábamos. Allí bebimos una cerveza más. Reportó haber empezado a conducir, desde tres semanas atrás, un semillero de ensamble en Bellas Artes, institución de educación superior en la que cursaba octavo semestre del pregrado en Música. Como se lo expresé, era una muy buena manera de poner en práctica sus conocimientos y cubrir en simultánea un porcentaje de su matrícula.
Fue insistente en lo importante que resultaba para él la obtención del título universitario, resaltando su incidencia en el campo laboral. Curiosamente, en ese momento hizo su aparición un amigo suyo que, recién empapado del tema que tratábamos, y habiéndose graduado como músico años atrás, hizo mención de sus fértiles dinámicas en lo que a ejercer su carrera respectaba, y en las que, según expresó, el tener o no un cartón no había hecho una gran diferencia. A mi modo de ver, era un asunto relativo. Personalmente, en ese momento el hecho de no tener un título no me estaba favoreciendo.

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Menos de una hora más tarde, no quería otra cosa que desconectarme de la realidad, y exhausto como estaba, me apagué —al fin— por ese día. 

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