DÍA 109
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-Mario Mejía-
Día 109
Diciembre 22 de 2022, jueves.
A las 10:30am, tras una despedida revestida de tenue nostalgia, ascendió por la rampla del muelle para embarcarse.
Fui con Sebastián por algunos víveres y caminamos a la finca de Prem y Jose, donde prepararíamos el almuerzo con Sealkie.
Poco antes de la 1pm recibí un mensaje de Laura notificando que había arribado en Necoclí a tiempo para tomar un autobús que partió a las 12:30pm con rumbo a Medellín.
Pasamos un par de horas en la finca platicando, bebiendo café negro y disfrutando de la sosegada atmósfera propia de aquel lugar.
Sebastián caminaría hasta Bahía Aguacate. Sealkie y yo lo acompañamos hasta Iracas, donde permanecimos, él adelantando algunos bocetos, y yo construyendo los textos pendientes, apoyado en los apuntes que había estado tomando en un bloc de notas durante los últimos días.
Como referí anteriormente, las hermanas Karen y Stephany Rojas se mudaron con su madre de Finca Belén a una cabaña en Plan Parejo. Esa tarde el profe me puso al tanto de que en los días subsiguientes alguien más tomaría la barraca recién desocupada.
Quizá tres horas después de habernos despedido de Sebastián, vi desde el quiosco que descendía sobre el costado derecho del iglú sintético, deshaciendo los pasos que lo habían llevado al Aguacate.
A eso de las 6pm Gloria y el profe clausuraron el chiringuito y marcharon a su cabaña. Sealkie, Sebastián y yo pasamos un rato más en él charlando y apreciando la fiel reproducción que el primero hizo de la modesta caseta en una libreta en la que recopilaba algunas de sus ilustraciones.
Al anochecer nos desplazamos nuevamente a lo de Prem, donde cenamos lo que mis comensales llamaron una suerte de “arroz hindú”, que preparé aplicándole cuantos condimentos y especias tuve a mi alcance tratando de mitigar el asiduo tedio que cocinar suscitaba en mí experimentando con colores y sabores mientras escuchaba de fondo, a través de mi celular, la voz áspera de Tom Waits —músico y actor estadounidense— rasgando la noche.
A pesar de mi nula experiencia culinaria, mis acompañantes exaltaron mi preparación, siendo enfáticos en lo exótica y gustosa que la hallaron.
Así pues, dimos cuenta de nuestra cena, compuesta por mi reciente y amarillosa invención, algunos huevos y la oportuna asistencia de la fibra, la vitamina B, el Calcio y el Potasio presentes en las lentejas que nos quedaron después de almorzar.
Esa noche mi presentación musical fue truncada por el mal clima, así que acepté la invitación por parte de Sealkie de permanecer escribiendo en la finca y pasar la noche allí.
Poco antes de las 9pm se despidió Sebastián, y tras recibir nuestras indicaciones para salir de Plan Parejo y llegar al pueblo, se encaminó a casa de Johana con el fin de descansar.
Mientras escribía y empezaba a ceder a la aletargada influencia de Morfeo —en griego antiguo Μορφεύς, de μορφή morphê, “forma”, es el dios del sueño—, escuchaba hablar en alguna emisora cultural a José Guillermo Ánjel —más conocido como Memo Ánjel—, un escritor, doctor en Filosofía y periodista paisa de ascendencia judío-española. Disertaba en torno a la diferencia entre el concepto del pesebre y el de Santa Claus, nombre procedente del vocablo anglosajón [Sinterklaas], derivado de la abreviatura San Nicolás, por el obispo San Nicolás de Bari, quien vivió en el siglo IV y a partir del cual se originó la figura de Papá Noel.
Memo Ánjel confería al pesebre el valor de la simbología arraigada en la tradición cristiana en virtud del milagro del nacimiento de Jesús, y a Santa Claus cierto carácter insustancial contenido en la invención superflua de un dibujante, y en un posterior monopolio publicitario y comercial.
Como a las 10pm se cayó la red general de telefonía, situación que según podía constatar era usual en esa zona.
Pasadas las 11pm, vencido por el sueño, di por terminada mi actividad literaria y me dispuse a descansar.

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