DÍA 124

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-Mario Mejía-


Día 124

Enero 6 de 2023, viernes.



¡¿Casi te ahogás otra vez?!

Dejá de tentar a la suerte. No se trata de tener miedo, pero no hay que ser tan temerario. 

Un abrazo.


Vos no aprendés, casi te ahogás de nuevo. 

Leí además que tuviste un sueño mientras estuviste tendido en el piso, después de tocar tierra firme. Me queda la duda de cómo conseguiste salir de la isla. 


Fueron algunos comentarios por parte de mis lectores cuando se aproximaron al texto del día # 123. Me culpé por mi ambigua narrativa, ya que mi pretensión era dejar en claro aunque solo al final de aquel aparte que desde el momento en que hablé de nadar desde la costa, hasta mi sorprendente hallazgo insular de la fortaleza descrita y sus gentes, no fue más que un sueño.


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Miguel me contactó. Su novia había salido de su país natal, Venezuela, un par de días antes. Esa fecha viajaba desde Cúcuta, y si no tenía contratiempos, llegaría a Medellín al día siguiente y tomaría un autobús hacia Turbo. 

Según me contó, era una mujer muy joven, inocente y poco experimentada, y ya que desconocía asuntos elementales como el uso de la moneda colombiana, me pidió me reuniera con ella en la terminal para asistirla en la compra del boleto, y si era el caso, para acompañarla mientras llegaba su hora de salida. Le dije que podía contar conmigo y que quedaba atento a su aviso.


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1. “En una sociedad que nos remite, nos controla y nos inhibe, el refugio del arte es la única esperanza que tenemos para expresar quiénes somos realmente. En el arte asumimos nuestros sentimientos más recónditos, en su espejo confrontamos temores y anhelos, destilamos pesares y alegrías, y recopilamos el tesoro de nuestras experiencias para depositar en cada obra nuestra historia, la verdadera historia de nuestras vidas”.


2. “[…] Todos en algún momento tenemos esas crisis o baches momentáneos eso que llaman crisis existenciales, que de algún modo nos dictan que por ahí no es, una cierta inconformidad, el cuerpo lo grita”.


3. Hablé con Juan Esteban Ramírez. Me compartió una premezcla de una de sus nuevas canciones. Al escucharla comprobé una vez más que sus recientes piezas actuaban como embajadoras de su bagaje musical, exhibiendo eficazmente, mejor que cualquier discurso posible, su gran capacidad y el nivel artístico en el que se hallaba.


Estos tres vectores se enlazaron para mí ese día. El primero fue un texto de un autor anónimo que llegó hasta mí esa fecha por algún medio digital. Lo segundo, un mensaje que recibí por parte de Juan Pablo Alzate a quien conocí días antes en el Chocó, en el que postuló a la música como un auténtico medio para canalizar ese descontento. En tercer lugar, la producción musical de Juan Esteban, tal y como lo discutimos previamente, no era otra cosa que el canal mediante el cual él hablaba al mundo. Precisamente, en esa conversación jugó un papel primordial el tema de la escritura como mi canal de expresión, por lo que, al menos para mí, el arte y la literatura cobraban ese sentido y ese noble propósito de exteriorización de nuestra historia, de la de Juan Pablo, de la de Juan Esteban, de mi historia.

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