DÍA 74

365

-Mario Mejía-


Día 74

Noviembre 17 de 2022, jueves.



En la mañana escribí en lo de Stephanny.

Era el cuarto día sin internet. Como dije, hubo quienes se pronunciaron frente a mi cesante compartir de los textos. Tenía los escritos al día, pero no la posibilidad de difundirlos, así que decidí desplazarme en bicicleta más temprano de lo acostumbrado, a Tres Soles, donde la red wifi solía mantener cierta estabilidad.

Mientras pedaleaba, disfruté, como siempre, del trayecto.

Ya instalado en el recibidor del hostal, releí los textos, les hice algunos ajustes, y compartí, uno tras otro, los cinco que tenía represados.

En días previos incluí a todos mis contactos de teléfono —tal vez cuatrocientos, o un poco más— en tres grandes grupos de difusión cada grupo tenía un límite puntual de registros, en los cuales hice una breve presentación y extendí la invitación para que, en caso de estar interesados, leyeran mi segundo libro en proceso.

Dos personajes que hacían parte de mi directorio móvil, de los cuales no sabía absolutamente nada desde mucho tiempo atrás, me escribieron algo del tipo: “no me atocigues enviándome tantos mensajes”. Fui comprensivo al respecto al recordar que se trataba de dos criaturas poco interesantes que a duras penas leían las instrucciones para el uso de un shampoo, dada su inherente aversión natural por los libros y la lectura en general. Los extraje de inmediato de las difusiones para evitar seguir torturándolos con contenidos distintos a catálogos de ropa y estúpidos memes.

De otro lado, me sorprendí al enterarme de que realmente me estaba leyendo más gente de lo que pensaba, inclusive, desde antes de crear los grupos de difusión, pues había estado publicando mis escritos diarios desde la primera fecha de mi travesía en una red social bastante conocida. Me conmovió leer comentarios tan emotivos y aparentemente sinceros por parte de personas que, a decir verdad, no imaginé estuvieran invirtiendo porciones de su tiempo para acercarse a mi creación literaria.

Hasta ese momento, mi segundo libro se titularía “Correr tras una segunda madeja”. Obedecía a que el primero —pendiente de una exhaustiva revisión y posibles ajustes— llevaba por nombre “Correr tras la madeja”.

Personalmente, traducía ese concepto —para explicarlo de la manera más coloquial y simple posible— como “correr tras el sentido” / “correr tras el significado”.

Tratándose del primer libro, se trataba de “correr tras ese sentido y ese significado” en términos de forma y de contenido, orientado el segundo, en el marco de un drama permeado por una clase de ficción muy específica —diría de orden espacio temporal, hacia asuntos que siempre me generaron muchísima curiosidad, y que invitaban, muchas veces, a reflexiones profundas.

En cuanto a la forma, tratándose de capítulos que, independientemente del orden en que fueran leídos, se conectaban indefectiblemente al tejer las historias de los personajes presentes en ella, también se exhortaba a un ejercicio de correr tras el sentido, armando un rompecabezas cuyas piezas eran los capítulos, piñones de un mecanismo que no funcionaría óptimamente si faltara tan solo uno.

Estaba considerando seriamente cambiar el título de mi segundo libro. Como estaba, podía dar la impresión de ser una segunda parte del primero, y distaba de serlo. No quería que a alguien se le ocurriera que la lectura del primero era un “pre-requisito” para entender el segundo.

De otro lado, el nuevo nombre que tenía en mente resonó de manera inmediata y férrea conmigo y con lo que representaba mi libro en marcha desde que, un par de semanas antes, una lúcida visión de un ejemplar en físico llegó a mi mente como una especie de revelación —que describí detalladamente en su momento.

Mi obra se componía de trescientos sesenta y cinco textos, uno por día. Quería saber qué pasaba conmigo en el lapso de un año, así que el título sería corto, sustancial y de fácil recordación: 365 


--- --- --- ---

   

Poco antes de mi presentación musical nocturna, me senté en el acuario con Sara López. Me platicó un poco sobre “Carnívoros” y compartimos algunas anécdotas sobre nuestra estadía en Capurganá.

Comentarios

Entradas populares de este blog

DÍA 145

DÍA 23

LLAMA LA CONCIENCIA - monólogo