DÍA 130

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-Mario Mejía-


Día 130

Enero 12 de 2023, jueves. 



A eso de la 1am, con puertas abajo, convergíamos en una de las mesas con Ronald Mejía y Bruno Bonvini. El primero era un costarricense de unos cuarenta y cinco años, moreno, cabello largo, barba prominente, extrovertido. Bruno, por su parte, era un hombre que no alcanzaba los cuarenta, de nacionalidad italiana, alto, piel trigueña, ojos claros y actitud tímida.

Charlamos y reímos mientras apuramos algunas copas de ron.

David Pineda, ligeramente alicorado, puso el grito en el cielo cuando Bruno reportó no tener la menor idea de quién era Charly García, su Dios, como solía referirse a él.

Ronald nos habló orgullosamente de la [Fiesta de los Diablitos], o “Boruca”, una ceremonia ancestral practicada con una frecuencia anual entre el 30 de diciembre y el 2 de enero en la que se rememora la lucha y la histórica resistencia de los indígenas Boruca frente a la conquista española, conservando una identidad rica en costumbres propias frente a la población no indígena. Dicha tribu ronda los 2700 miembros, y la mayor parte vive en una reserva en la provincia Puntaneras, situada al noroeste de Costa Rica.

Refirió que una de las muestras características de la festividad consiste en la representación de un toro que es perseguido y quemado por los participantes.

Leí después que en diciembre de 2017 La Fiesta de los Diablitos fue declarada patrimonio cultural inmaterial de Costa Rica. 


“[…] Estás harto de ver los diarios

estás harto de los horarios

estás harto de estar en tu lugar…”


—Te dedico esta canción, me parece que tiene mucho que ver con tu aventura. —Me dijo Pineda, mientras sonaba “No te dejes desanimar”, una canción de La Máquina de hacer Pájaros, un grupo argentino de rock progresivo y sinfónico de mediados de los 70’s.


Aseveraciones musicales, literarias, jocosas, triviales, cotidianas, circulaban en una de las salas en la que nos asentamos para tertuliar mientras las horas caminaban raudas hacia el sol de madrugada:


“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces ¿para qué sirve la utopía? Para eso sirve, para caminar”. —Tienes que leer Utopía, de Eduardo Galeano— Me instaba Ronald.


Pasadas las 11am, Napoleón levantó las persianas metálicas y un manto de luz blanca invadió el lugar. Me sentí un vampiro mientras mi mano actuaba como una visera automática. 


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Varias horas después desperté, y sintiéndome aún cansado y con mi mente fuera de órbita, me dije que noches tan longevas representaban para mí un ulterior día de improductividad. Tal era mi fatiga y mi malestar que me pregunté si conseguiría reponerme para presentarme musicalmente en público el sábado. No podré. —espeté interiormente—¿Cómo me sustraigo de ese compromiso? —fue la idea que se gestó en mi cabeza distorsionada. Pensé en la excusa de Macedonio Fernández escritor, abogado y filósofo argentino a Jorge Luis Borges escritor, traductor, ensayista y poeta coterráneo de Macedonio:


[ Carta de Macedonio Fernández a Jorge Luis Borges ]

—Macedonio Fernández


“Querido Jorge Luis: tienes que disculparme por no haber ido anoche. Soy tan distraído que iba para allá, y, en el camino, me acordé de que me había quedado en casa. Estas distracciones frecuentes son una vergüenza y me olvido de avergonzarme también. Muchas de mis cartas no llegan, porque omito el sobre, o las señas, o el texto. Esto me trae tan fastidiado que rogaría que vengas a leer mi correspondencia en casa”.


Decidí que, si era preciso, sería así o más honesto al momento de cancelar en Doppler.

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