DÍA 132

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-Mario Mejía-


Día 132

Enero 14 de 2023, sábado.



“[…] transcurría una reunión familiar. Entretanto, las dos hijas de una pareja jugaban en el pequeño parque de diversiones de la unidad residencial donde tenía lugar el encuentro. Una de ellas perdió la vida instantáneamente al caer de un columpio y sufrir un golpe contundente en la cabeza.

—«¿Por qué se fue tan pronto? ¿Sí cumplió ese propósito que decía tener en la vida? —preguntaba la hermana menor a su mamá»".


Escuché en la radio. De inmediato, pensé, una vez más, en el accidente de mi padre, en su muerte inesperada, en la fragilidad de la vida.


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Recibí un mensaje de Diego Restrepo notificándome lo amena que hallaba la lectura de [365], aduciendo que, escrito a manera de bitácora, se sentía especialmente atraído por los textos. Me instó a sumarlo a mis grupos de difusión del libro, si es que aún no lo había hecho.


Conversé también con Camil Muñóz, que, al igual que Jara, me confirmó su regreso definitivo a la ciudad de Medellín.


Edwin Ardila, excompañero laboral y luthier experimentado que solía hacer mantenimientos periódicos a mis guitarras, me puso al tanto de que mi electroacústica estaba lista. Se la había entregado tan solo un par de días atrás, y fue, como siempre, ágil y diligente.


Andrés Sánchez, que también intervendría musicalmente la noche en Doppler, me habló de su proyecto, y sobre la procedencia del peculiar nombre de este. Era guitarra y voz en una agrupación llamada Burrofantes. Refirió que uno de los personajes de la obra teatral [A veces grito], del escritor, gestor cultural y periodista dominicano Freddy Ginebra, exponía a su psiquiatra: —mi madre era una burra; mi padre, un elefante. Soy un burrofante, una nueva especie.

Arguyó Andrés que, como el burrofante, el atípico formato de clarinete, saxo tenor, guitarra y vos de su banda era una nueva especie también.


Esa noche cayeron fuertes aguaceros que inundaron las calles de la ciudad. Debido al mal clima el número de asistentes al recital no fue lo que esperábamos. No obstante, tuvo lugar una íntima y entusiasta velada en la que tuve la fortuna de tocar nuevamente mi guitarra, que Edwin me llevó un par de horas antes, finalmente restaurada, hasta Doppler.

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