DÍA 125

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-Mario Mejía-


Día 125

Enero 7 de 2023, sábado.




A primera hora recibí notificación de Miguel: su compañera había llegado a Medellín en las horas de la madrugada y tramitó por sí sola su viaje a Turbo. 


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No dista mucho de la realidad me escribió esa tarde Diego Palacio como respuesta a la honesta aclaración adjunta en mi texto # 113 en torno a la vigencia de mi calidad de su alumno de guitarra.


Recibí también desde Capurganá y Medellín mensajes alentadores sobre la construcción de mi libro:


—Severos textos, mi hermano. Me gusta la sensibilidad y la sencillez con la que relatas tus vivencias, dan ganas de seguir leyendo.

Muchas gracias por compartir. Que esa experiencia y 365 crezcan mucho más. 

Cuando puedas, me mandas más escritos.


—Siga así, man. Usted es un teso, lo admiro.


—¡Qué dicha leerte!, tremendas historias. Gracias por las letras, por enriquecer mis días con tu prosa.

Me gusta el ambiente, lo recreas de una forma muy especial.


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“Despedirse es morir un poco” —Leí en un periódico. El artículo se volcaba hacia la despedida definitiva de los escenarios por parte de [Les Luthiers], a quienes personalmente consideraba, más que una agrupación, una institución que conjugó magistralmente durante los cincuenta y cinco años de su carrera artística un humor ingenuo como alguno de sus integrantes lo catalogó pero audaz, con “la reina madre de la inmensidad, la que agita las fieras, la que acerca los corazones” sublime descripción que hacía Rodolfito Páez en una de sus canciones: la música. 

Remembré con cierta nostalgia las incontables carcajadas que de mí brotaron, siendo inteligentemente arrebatadas por su genialidad, que no contenida a carta cabal en la música, la comedia y su talento invaluable para la invención, diseño y construcción de instrumentos musicales a veces impensables, coqueteaba deliciosamente con la literatura y con modelos retóricos que agasajaron por mucho tiempo mi entendimiento, como la magnánima [Décima].

Más triste me resultó el hecho de que, aunque su adiós se revestía en gran medida por la realización artística de sus integrantes como una manifestación generalizada, el factor tiempo como agente implacable, al que nada ni nadie escapaba, hubiese tenido una incidencia decisiva en aquella despedida, pues Carlos López Puccio, director de orquesta, multinstrumentista, humorista argentino y miembro legendario del excelso organismo en boga, no pudo ser más explícito al respecto al declarar:


—“Este año cumpliré 77 años, y Jorge 75 Jorge Maronna fue uno de sus fundadores. Nos sentimos muy vitales, y artísticamente creemos estar en nuestro mejor momento, pero a medida que nos acercamos a los 80 nuestros músculos y articulaciones nos anticipan que pronto comenzarán a presentarnos impedimentos”.


—“No va a ser fácil dar por concluido este maravilloso trabajo que disfrutamos desde muy jóvenes, y despedirnos del público que nos sigue y apoya, pero después de tantos años de aventuras Mastropiero Johann Sebastian Mastropiero fue un compositor musical ficticio que constituyó un destacado y recurrente personaje en sus espectáculos merece descansar” —fue la declaración que leí, para culminar, del recién mencionado Maronna, piedra angular de Les Luthiers; declaración con la que, como solía suceder con la partida de cada uno de los grandes, no cabía otro proceder que, lamentablemente, despedirse también.

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