DÍA 127
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-Mario Mejía-
Día 127
Enero 9 de 2023, lunes.
Mientras redactaba, una red social me notificó un recuerdo:
“Mi madre solía decir que el amor nunca se malgasta, aunque no te lo devuelvan en la misma medida que mereces o deseas.
—Déjalo salir a raudales —decía. —Abre tu corazón y no tengas miedo de que te lo rompan. Los corazones rotos se curan. Los corazones protegidos acaban convertidos en piedra”.
Se trataba de un párrafo de incógnita autoría que había compartido años atrás. Evoqué el momento en que lo leí por vez primera. Su esencia parecía estar inscrita en mis células: tanto me identificaba.
En mi texto # 39 de [365], del jueves 13 de octubre de 2022, se condensaban algunas razones de crucial incidencia en la toma de mi decisión de abandonar la ciudad indefinidamente. Exponía en aquel aparte lo que podría ser una tentativa antítesis de ese párrafo que tantas fibras me movía, a saber, la cultura emocional de la mínima expresión, equipada por la indiferencia, la aspereza, y algo que muchos llamaban —vulgar pero acertadamente— un “importaculismo” cada vez más estandarizado.
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“¡Esa letra me explota el cerebro! Estoy seguro de que la obra de este loco te va a gustar". —Me escribió mi viejo amigo Hernán Gutiérrez cuando me exhortó a escuchar la canción “Himno de vivir”, del músico, escritor y editor aragonés de ascendencia polaca Rafael Lechowsky.
Ese parecía ser, por mucho, el día de esas letras que me volaban la cabeza:
HIMNO DE VIVIR
—Rafael Lechowsky
¿Por qué lloras?, ¿acaso no ves la belleza de la vida?
La flor de aprendizaje que nace de cada herida.
¿A qué temes?, ¿tal vez a perder lo que no tienes?
Morir no es más que hacer hueco para otro que viene.
¿Por qué corres, peregrino?, calma ya tu fiebre.
Sabe más del camino la tortuga que la liebre,
así que saborea lentamente.
No vivió más aquel que vivió más,
sino el que vivió plenamente.
Contempla nuestra dádiva, como el sol desde arriba
se derrama sobre el pájaro la canción de la vida.
Tu casa es pequeña, pero infinito es tu jardín.
Todos somos ricos, heredamos la fortuna de existir,
desvela ese sencillo misterio y serás feliz.
Haz lo que amas, no lo que el mundo espera de ti,
y no temas a las piedras del camino, amigo mío,
pues las piedras del camino son el camino en sí.
Justo y perfecto como el fluir de la energía.
Todo el mal que hagamos volverá a nosotros algún día.
Pero quien obra de corazón no teme a equivocarse,
su error siempre es acierto porque es aprendizaje.
Cada nuevo ser que nace es un papiro blanco
sobre el que la vida escribe su hermosísimo milagro.
Existir es un regalo, la muerte un intervalo,
algo que sucede a todos no podría ser tan malo.
Pero tú aún eres pobre porque tienes demasiado,
lo cual te ata y te impide mantenerte elevado.
Líbrate del peso de los bienes,
pero sobretodo, hermano mío, líbrate de lo que no tienes.
Recuerda que el dinero no es más que un pobre ladrón que roba comprándolo todo, menos el amor.
Ahora guarda el silencio y compensa el himno del mundo, dando gracias uno aprende a desear lo que ya es suyo.
Viviendo en el presente constante, de instante en instante, en la grandeza de lo insignificante, pues quien descubre lo grande, se asombra con lo pequeño, aquello que está compuesto con materia del sueño.
No te muerdas más las alas, hay que dejarse vivir,
la mente crea laberintos de los que no sabes salir.
El dolor te hace fuerte, el sufrimiento debilita,
y cuando muere el miedo a la muerte, nace el amor a la vida.
Y aunque ahí afuera el mundo está lleno de fuerzas sombrías, cólmate de luz y aprende a proteger tu energía.
Estás de paso por lo eterno, no hay mayor regalo que esta vida,
ábrelo y encontrarás todo dentro,
nada es de nadie porque todo es nuestro.
Y todo está en ti porque todo está en todo, asómate dentro y una vez inmerso abraza este todo inmenso.
Eres un átomo en cuyo interior cabe el universo,
un átomo en cuyo interior cabe el universo.
Después de semejante preámbulo por parte de Hernán, por supuesto, escuché la canción. Más allá de lo musical, su letra me invadió, me sacudió y reafirmó concepciones muy arraigadas en mí, actuando como un catalizador, agitándolas y renovándolas. Suscitó en mi mente un embriagante danzar de ideas, sentencias y fragmentos de canciones de diversas personalidades que, a mi modo de ver, se conectaban con muchos de los versos que componían aquella excelsa pieza de Lechowsky:
“La vida es corta, pero ancha” —viejo aforismo— / “[…] Todo lo que hacés por obligación se lleva la alegría de tu corazón” —Fito Páez— / “Amar la trama más que el desenlace” —Jorge Drexler— / “El mayor obstáculo para la vida es la expectación que depende de mañana y pierde lo de hoy. Dispones de lo que está en manos de la fortuna y renuncias a lo que está en las tuyas. ¿Qué miras?, ¿adónde vas? Todas las cosas venideras yacen en la incertidumbre. ¡Vive de una vez!” —Séneca, hijo— / “Están perdidos si olvidan que los frutos son de todos, y que la tierra no es de nadie” —Rousseau— / “[…] no está bien romper un corazón: Déjà vu de lo que va a venir… Hay un boomerang en la city, mi amor, todo vuelve, como vos decís” —Páez— / y hasta una subrepticia recreación de un contacto indirecto, mediante la intuición inmediata, con el concepto de [Bondad] de Plutarco.

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