DÍA 94
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-Mario Mejía-
Día 94
Diciembre 7 de 2022, miércoles.
Salí de la tienda antes de las 6am y recorrí la breve distancia que lo separaba del quiosco, mientras observaba un mar aún más brioso que el del día anterior. A veces, mientras más furioso, más azul y encantador lucía.
Gloria y el profe habitualmente llegaban al chiringuito a eso de las 7am. Mientras lo hacían recorrí la finca parcialmente: el balconcito contiguo al océano, la demarcación boscosa y la playa de piedra. Me sentí feliz por estar de vuelta, y agradecí una vez más por vivir en tan maravilloso lugar.
Después de dar un fraternal saludo a mis dos anfitriones, me dispuse a escribir. Mientras lo hacía, dirigí mi mirada al mar, a un fragmento específico de agua y de tiempo: domingo 20 de noviembre de 2022 / entre las 8:30am y las 9:20am / el momento más aterrador de mi vida / esa mañana el comportamiento del mar era más álgido que aquel domingo / el gigante azul parecía decir: hoy no quiero que nadie me toque / por supuesto obedecí y me limité a observarlo desde la caseta / advertí un patrón extraño en el oleaje / llegaban olas de múltiples direcciones / cerca de la orilla, producto de las que se aproximaban desordenadamente, se formaban unas olas de gran tamaño que, a diferencia de las demás —que avanzaban hasta besar la playa—, se mantenían en un mismo punto girando sobre sí, y, posteriormente, se movían hacia atrás, en dirección opuesta a la orilla / finalmente perdían altura y se desvanecían / me dije que esas fueron, especialmente, las olas que quisieron aniquilarme aquella angustiante mañana / no ingresaría al agua mientras conservara semejante temperamento, y menos solo, como acostumbraba a hacerlo.
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Ya había hablado de la reserva natural El Cielo. El profe relató una graciosa historia en torno a ese lugar. En el año 1996 estuvo a cargo. Allí permanecía con su compañera y con otra mujer que era la pareja de esta bajo la figura de “triángulo amoroso”.
Comenzaron a llegar personas de varias partes del mundo, a tal punto que un letrero que rezaba “Bienvenidos al Cielo” llegó a contar en ese entonces treinta y ocho idiomas con ese mensaje. El profe los empleaba para que lo apoyaran con el mantenimiento del espacio y las ganancias se repartían equitativamente entre los allí presentes.
Había numerosos artistas. Unos montaban sus puestos de artesanías; otros, ejecutaban algún instrumento musical, o cantaban y obtenían una retribución económica de la importante cantidad de turistas que visitaban la reserva.
Hallé cómico el hecho de que el profe solía usar una túnica amarilla, y sus dos compañeras, sotanas blancas, adoptando en actitud histriónica y jocosa los roles de San Pedro y dos vírgenes en El Cielo. Un cuarto personaje, una mujer extranjera que llevaba radicada cierto tiempo allí, por instrucción del santo, tomó el papel de un duende que se aparecía a los caminantes rezagados corriendo a cierta distancia entre los árboles con la intención de ser visto, por lo que se generó la creencia local de que en aquella zona existía uno.
Una particular dinámica presente en El Cielo me hizo evocar a [Los Idiotas], un filme del controversial guionista y director de cine danés Lars Von Trier, gestor de [Dogma 95], una interesante vertiente cinematográfica nacida en el año 1995. Las películas enmarcadas en dicho movimiento fílmico se regían por las políticas estipuladas en el Manifiesto Dogma 95: un presupuesto mínimo, una exigua edición —se usaban cámaras caseras—, un contenido usualmente cargado de una fuerte problemática social, entre otras.
Básicamente, Los Idiotas giraba en torno a un grupo de amigos que se hacían pasar por retrasados mentales que se mofaban de la sociedad y de su “gente normal”, lucrándose notoriamente a expensas de la estupidez de quienes caían víctimas de sus estratagemas.
Al igual que Los Idiotas, San Pedro y sus vírgenes obtenían beneficios económicos de muchos turistas que visitaban El Cielo, que encontrándose ante semejantes personalidades bíblicas demandaban tomarse fotos con ellas. Argumentando que guardaban una decidida afinidad con los ideales Guna, que consideraban que dejarse tomar fotos equivalía a dejarse robar energía, las tres pintorescas figuras les pedían a cambio una suma de dinero por fotografía, a lo que ellos accedían.
Había en el lugar una estatua de cemento en forma de ángel de cuya boca emanaba agua a manera de fuente. El profe y sus dos amadas exhortaban a los visitantes a arrojar monedas al interior de sus fauces aduciendo que los deseos que formularan mientras lo hacían serían cumplidos.
En 2006 llegó al Cielo un político de nombre Juan Manuel Santos, acompañado de su esposa y varios empresarios colombianos. Cuatro años más tarde, Santos fue presidente de Colombia, entre 2010 y 2018. Cuando este tipo visitó a San Pedro era el ministro de defensa nacional, por nombramiento del presidente al mando en ese momento, el genocida Álvaro Úribe Vélez.
Santos platicó con el profe y su hija, que por esas fechas contaba ocho o nueve años. El político le preguntó a la pequeña qué pensaba de las ayudas de orden educativo, alimentario y cultural que el gobierno suministraba a Capurganá y a su escuela.
—Amor, cuéntale al señor cómo te va con tu computadora —expresó el profe a la niña —a lo que respondió:
—Computadoras solo he visto en la televisión.
Cuando su padre la cuestionó sobre el complemento alimenticio suministrado por el estado, la muchachita no tuvo idea de qué le hablaban.
Santos se mostró aparentemente sorprendido ante aquella situación y les prometió que tomaría cartas en el asunto. Tiempo después, una embarcación de la Armada Nacional llegó a Capurganá con múltiples asistencias para el Instituto Educativo Sagrado corazón de Capurganá.
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Sucedió algo curioso ese día. En las horas de la mañana conversaba con el profe acerca del equilibrio. Como al mediodía, le trasfirió una suma de dinero a uno de los hijos de Gloria, que estaba en Venezuela y atravesaba por un apuro económico. Menos de diez minutos después recibió una llamada de una señora que, según refirió después, le había consignado un anticipo para una reserva de alojamiento en una de las cabañas de la finca Iracas. Unos meses antes lo había contactado procurando obtener la devolución del dinero, cosa que no se dio. Justamente, esa tarde lo llamó para confirmar el tema de la reserva y puso en su cuenta bancaria una cantidad de dinero superior a la que él había proporcionado a su hijastro.
Tal vez media hora después su madre le notificó una nueva consignación de dinero por concepto de aguinaldo. Estuve presente todo el tiempo.
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Económicamente hablando, no fue la mejor noche tocando en Tres Soles. Por otra parte, me vi en la obligación de suspender la presentación debido a un súbito malestar que me asaltó: un fuerte dolor de cabeza, mareo, fiebre y afección en la garganta y articulaciones.
Mar se percató de mi indisposición y me ofreció pasar la noche en su hostal, pero decidí marchar a Playa Belén, donde después de llegar como pude ingresé a mi tienda de campamento con el fin de descansar.

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