DÍA 131
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-Mario Mejía-
Día 131
Enero 13 de 2023, viernes.
Ese Sol de los Alcolirykoz relucía afuera, lo vi desde el balcón. Eran un revolucionario grupo de hip hop nacido en el año 2005 en el barrio Aranjuez de Medellín. Sus letras excepcionales eran pura filosofía de barriada.
Esa mañana conversé con Natalie Decks, Andres Sanchez y David Pineda. Con los dos primeros coordiné la prueba de sonido que tendría lugar antes del concierto en Doppler Venue. El tercero me aclaró en qué consistía [Somos Útiles], asunto del que escuché hablar en nuestra vivaz tertulia. Se trataba de una iniciativa en la que él, Andrés, Napoleón, Natalie, Will Lopez y otros estaban involucrados, consistente en un concierto de rock que se llevaría a cabo el 28 de enero de 2023 en el Teatro al aire libre Carlos Vieco -icónico espacio cultural que promovía un despliegue musical y poético desde décadas atrás- con un noble propósito. La entrada al evento no sería paga en efectivo, sino con útiles escolares que serían entregados a niños de escasos recursos. El proyecto ponía de manifiesto el interés de la escena rockera paisa por asuntos de orden social como aquel, impactándolo directa y solidariamente.
Cipsela Corp., corporación liderada por Pineda, intervenía también en Somos Útiles, inyectando un aporte económico orientado a la parte logística del festival.
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Leía un incendiario manifiesto cuando me apercibí de que era la hora de reunirme nuevamente con Juanes ( Juan RM ):
QUE EL TRABAJO DIGNIFICA ES UN INVENTO DE LA PATRONAL
-Severino Di Giovanni-
"No se puede pedir a un cuerpo cansado y consumido que se dedique al estudio, que sienta el encanto del arte: poesía, música, pintura, ni menos que tenga ojos para admirar las infinitas bellezas de la naturaleza. Un cuerpo exhausto, extenuado por el trabajo, agotado por el hambre y la tisis no apetece más que dormir y morir. Es una torpe ironía, una burla sangrienta, el afirmar que un hombre, después de ocho o más horas de un trabajo manual, tenga todavía en sí fuerzas para divertirse, para gozar de una forma elevada, espiritual. Solo posee, después de la abrumadora tarea, la pasividad de embrutecerse, porque para esto no necesita más que dejarse caer, arrastrar. A pesar de sus hipócritas cantores, el trabajo, en la presente sociedad, no es sino una condena y una abyección.
Los bellos cantos a las masas activas, laboriosas, pujantes: los himnos a los músculos vigorosos: las aladas peroraciones al trabajo que ennoblece, que eleva, que nos libra de las malas tentaciones y de todos los vicios, no son más que puras fantasías de gentes que nunca han tomado el martillo ni el escalpelo, de gentes que nunca han encorvado el lomo sobre un yunque, que jamás se han ganado el pan con el sudor de su frente."
Se trataba de un texto de Severino Di Giovanni, un obrero y poeta anarquista italiano de principios de 1900 cuyas insurgentes ideologías permeadas por su percepción temprana de escenarios de posguerra como el hambre y la pobreza, estandartes de su lucha contra el fascismo -política de ultraderecha, antidemocrática, utranacionalista y totalitaria, vulgar vestigio de La Primera Guerra Mundial-, ocasionaron su tortura y muerte prematura -contaba tan solo treinta años- en manos de la policía federal argentina.
Supe que en su último libelo escribió:
“Sepan, Uriburu -dictador argentino de su épca- y su horda fusiladora que nuestras balas buscarán sus cuerpos. Sepa el comercio, la industria, la banca, los terratenientes y hacendados, que sus vidas y posesiones serán quemadas y destruidas”.
Su grito de “Evviva l'Anarchia!” —“¡Viva la anarquía!”— precedió su fusilamiento en el patio de la penitenciaría nacional. Roberto Arlt, inventor, periodista, dramaturgo, novelista y cuentista argentino, presenció su sentencia y escribió una redacción al respecto:
“El condenado camina como un pato. Los pies aherrojados con una barra de hierro a las esposas que amarran las manos. Atraviesa la franja de adoquinado rústico. Algunos espectadores se ríen. ¿Zoncera?, ¿nerviosismo?, ¡quién sabe! El reo se sienta reposadamente en el banquillo. Apoya la espalda y saca pecho. Mira arriba. Luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta agua para tomar el mate. Permanece así cuatro segundos. Un suboficial le cruza una soga al pecho para que cuando los proyectiles lo maten no ruede por tierra. Di Giovanni gira la cabeza de derecha a izquierda y se deja amarrar. Ha formado el blanco pelotón fusilero. El suboficial quiere vendar al condenado. Este grita: —¡Venda no!—. Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso. Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho, ¿será para recibir las balas?
—¡Pelotón, firme. Apunte!
La voz del reo estalla metálica, vibrante:
—Evviva l'Anarchia!
—¡Fuego!
Resplandor subitáneo. Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas. Fogonazo del tiro de gracia.
Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero martillea a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y con zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.
Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez, de Última Hora, Enrique González Tuñón, de Crítica y Gómez de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara: está prohibido reírse. Está prohibido concurrir con zapatos de baile”.
El cuerpo de Severino fue enterrado bajo una cruz sin nombre. Posteriormente, este fue removido y nadie supo dónde fueron a parar sus restos.
Terminada mi reunión con Juanes, el blog quedó listo y a la espera de comenzar a nutrirlo con mis letras.
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En las horas de la noche recibí una llamada de Darwin -el migrante ecuatoriano-, de quien no tenía noticias desde hacía más de una semana. Había hablado con él por última vez el 16 de diciembre de 2022, y reportó estar en Tapachula, México. Ese viernes -enero 13- me puso al tanto de que en EE. UU. fue capturado y deportado a su país.
—¡La tercera es la vencida! —fue su respuesta al preguntarle si tras su segundo intento fallido pensaba permanecer en su país.

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