DÍA 95
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-Mario Mejía-
Día 95
Diciembre 8 de 2022, jueves.
Pasé una mala noche, dando vueltas en la carpa, no consiguiendo conciliar el sueño a razón de mi persistente indisposición.
Terminada mi sesión musical del día previo, mi fiel Bruno me siguió hasta Iracas una vez más. Por más que lo intentaba nunca conseguí que entrara conmigo en el cubil, o que al menos me permitiera cargarlo para subirlo a la plataforma que lo soportaba, así que al salir de él fue mi primera visión y mi primer amoroso saludo.
Muy temprano me dirigí al chiringuito y comencé a escribir, mas sintiéndome cansado y enfermo no avancé en mis textos de la manera en que esperaba.
Era una mañana soleada y sentí un apremiante deseo de entrar al mar. Pensé que seguramente sus aguas, además de refrescarme, podrían brindarme alguna mejoría, pero frente a la latente imposibilidad de hacerlo dada su creciente agitación opté por darme un chapuzón en la piscina circular. Su agua dulce y fría me sentó bastante bien.
Retomé mi actividad en el quiosco. Entretanto, Gloria observaba las empinadas y espumosas olas que sumían las piedras de la orilla en un incesante vaivén. Luego, se aproximó con cautela a la orilla, guardando siempre una distancia prudente. Como treinta minutos después, advertí que se encaminó de nuevo a la caseta sosteniendo en ambas manos algunos objetos que a la distancia no logré identificar. Finalmente, se acercó a la mesa y los puso sobre ella.
En escritos pasados hablé sobre los regalos que el océano entregaba a Gloria, y esa mañana ocurrió otro tanto, llevando hasta su orilla dos nuevos presentes. En esa ocasión se trataba de un locero —una suerte de secador de cubiertos— y un pony de juguete color rosa construido en plástico, ambos en condiciones óptimas. Según reportaban los lugareños, eventos de esa índole no eran inusuales dado que cuando tenían lugar fuertes marejadas algunas embarcaciones de carga se sacudían violentamente, yendo a parar al agua cajas y huacales repletos de mercancía, víveres, etc.
Como al mediodía llegó al quiosco José Llorente, quien me salvó la vida unas semanas antes. Mientras estuve en Medellín, mantuvimos contacto, preguntándole por el comportamiento del mar, y él a mí por la resolución de los asuntos que propiciaron mi viaje. Le hablé sobre cómo terminó mi estadía en la ciudad, y él sobre sus días en Playa Belén, enfocados principalmente en su trabajo.
Gloria y el profe se sumaron a la conversación.
Jose renegó de una manada de perros que asesinaba a los osos hormigueros, especie que regulaba la presencia de las hormigas arrieras que, según señaló, estaban arrasando con sus plantaciones de yuca, pepino, mandarina y flor de Jamaica.
Nos habló de “la piedra del tigre”, detrás de la cual había también una historia. Relató que cuando llegaron las primeras personas a Capurganá, montaña adentro, avistaban a un jaguar durmiendo sobre una gran roca. Los pobladores, que no sabían mucho sobre felinos, solían confundirlo con un tigre, por lo que muchos años después seguían designándola la piedra del tigre.
La paulatina llegada de más humanos, el sonido de sus motosierras, guadañas y en general el ruido inherente a su actividad, ahuyentaron a ese y a otros animales salvajes, que optaron por internarse en el tan mencionado Tapón del Darién.
Antes de emprender camino al pueblo con Bruno —que no me desamparaba—, llamó mi atención ver a una familia bogotana que llegó al chiringuito, fascinada mientras observaba el imponente paisaje que el balconcito les ofrecía, degustando los deliciosos bolis de leche de coco que Gloria preparaba.
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Caía la tarde, y después de haber dispuesto los efectos para el concierto de aquella noche, mientras empezaban a llegar los comensales, charlaba con Fercho en una de las mesas dispuestas en el mirador de la pizzería. Me habló de un nuevo miembro itinerante de la ya nutrida familia canina de Tres Soles. Se trataba de Spock —homónimo de uno de los protagonistas de la aclamada serie estrenada en 1966, Star Trek—, un perro atlético, de tamaño mediano y pelaje oscuro que, según apuntó mi interlocutor, era bastante dado al drama, haciéndose el cojo para generar lástima en las personas, no teniendo complicación alguna en su andar.
Fue, al igual que la anterior, una noche bastante floja, así que tomé rumbo a lo del profe un poco más temprano de lo normal, acompañado de Bruno.

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